LUGAR DE ENCUENTRO CON DIOS

DOMINGO III DE CUARESMA CICLO B
Domingo 8 de Marzo de 2015
REFLEXIÓN
         1.- Como ya hemos comentado otras veces, los judíos sólo tenían un Templo, el de Jerusalén. Era un lugar sagrado porque era la Casa de Dios, el lugar de la presencia de Dios y del encuentro de los hombres con El.
         Lo que ocurría en el Templo en tiempos de Jesús era una profanación de la Casa de Dios. Era un sacrilegio. Por eso Jesús actúa con tanta energía, porque defiende apasionadamente las cosas del Padre y no quiere una religión superficial, fría, sin corazón.
         2.- Nosotros también somos Templo de Dios. En el Bautismo recibimos su vida y su presencia y El nos llamó sus hijos amados.
         Hoy a la luz del relato del Evangelio podemos reflexionar varias cosas:
A/ ¿Ocupa Dios el centro de nuestra vida y de nuestro corazón o tenemos otros dioses? ¿Somos en verdad Templos de Dios?
         Los bienes materiales, el dinero, el poder, los cargos importantes, la fama, el sentirnos por encima de todos… pueden ser otros dioses de los que somos esclavos y a los que dedicamos tiempo, preocupaciones, energías, esfuerzo…  Y olvidamos lo que dice Dios en la primera lectura: “Yo soy el Señor tu Dios. No tendrás otros dioses”
B/ Si Somos Templo de Dios, ¿qué cuidado tenemos de él?
         El Templo de Jerusalén era un mercado; un lugar sucio, desordenado, profanado. Quizá esté también así nuestro corazón, y el Señor nos está pidiendo hoy que lo limpiemos, lo cuidemos. Que no lo profanemos ni lo convirtamos en una cueva de ladrones.
         Que de verdad nuestro corazón sea el lugar que ocupa el Señor y llena nuestra vida.
C/ Si somos el lugar donde Dios habita, también cada uno de nosotros deberíamos ser un lugar del encuentro de los hombres con Dios.
         Cualquiera que se acerque a nosotros  debería poderse encontrar con la bondad, la ternura, el cariño de Dios. ¿Procuramos que sea sí, o nuestra vida es lo contrario?
         3.- No hagamos de nuestro corazón y nuestra vida un lugar en el que Dios se sienta incómodo o rechazado.
         Limpiemos el corazón, especialmente en este tiempo de Cuaresma, para tener la alegría de la presencia de Dios en nosotros.

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