LEPRAS

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

Domingo 11 de Febrero de 2018

REFLEXIÓN

          1.- Porque la lepra era una enfermedad muy contagiosa y era además considerada como consecuencia de un gran pecado, en tiempo de Jesús los leprosos eran condenados a vivir fuera de las ciudades, sucios y solos, totalmente excluidos, sin que nadie se les pudiera acercar.       

Y allí, en la periferia de la ciudad, donde están los más pobres y excluidos, es donde estaba Jesús.

Jesús se conmueve ante el sufrimiento de aquel leproso que se le acerca y le pide ayuda. No tiene miedo de tocarlo, de contagiarse, de que le llamen impuro. Él sólo quiere aliviar el sufrimiento de aquel hombre y ayudarle a que se reincorpore a su vida familiar y social y pueda volver al Templo a ofrecer su acción de gracias a Dios por el bien que ha recibido.

2.- No sólo en los barrios marginales de la ciudad, sino también cerca de nosotros, hay marginados, excluidos, pobres y quizá hambrientos. Lo sabemos y los vemos. Pero ¿cuál es nuestra reacción? ¿Nos conmovemos? ¿Nos sentimos interpelados?

          Quizá nosotros contribuimos a crear esas marginaciones y exclusiones porque no aceptamos como trabajador a un emigrante, al que tiene la piel de otro color; al que por su aspecto o su forma de vestir pensamos que no es de fiar, que no merece nuestra confianza; porque no pagamos el salario justo al que trabaja para nosotros y nos parece que ya tiene bastante con lo que le damos o le decimos que ya le ayudamos mucho en otras cosas….

          O simplemente no queremos relacionarnos con esas personas que no son de nuestro nivel social y económico, no tienen nuestra educación, nuestra formación intelectual, nuestra manera de ser y de estar…

          Cuando actuamos así no sólo no aliviamos su sufrimiento, sino que hacemos más daño.

          3.- Aquel leproso se le acercó a Jesús con humildad para decirle: “Si quieres… puedes limpiarme.”

          Sería bueno que también nosotros hiciéramos un ejercicio de humildad, miremos nuestro interior y nos preguntemos de cuántas cosas necesito que me limpie el Señor, cuántas lepras hay en mi corazón con las que puedo contagiar a los que se acercan a mí y les empujo a decir o hacer cosas que hacen daño, que no están bien.

          No puedo decir alegremente que soy bueno, que no hago nada mal. No puedo ser tan soberbio y orgulloso. Pensando así estoy poniendo barreras para que me cure y me limpie el Señor.

          4.- Este fin de semana es la Jornada contra el Hambre que promueve Manos Unidas. Es una buena ocasión para reflexionar sobre cuál es nuestra forma de vivir, cuántas veces acumulamos coas que no necesitamos, cuantas cosas malgastamos, cuántos alimentos dejamos estropear, cuantas cosas podemos y debemos compartir… cuando hay tantos millones de personas que mueren de hambre y que sonreirían con tener solamente un trozo de pan.

REFLEXIONEMOS UN MOMENTO sobre todas estas coas.

Dejemos que la Palabra de Dios llegue hasta el fondo de nosotros para

**que nos haga ver lo que somos

**y nos duela por lo que deberíamos ser y no somos.

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