DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 12 de Noviembre de 2017
REFLEXIÓN
1.-Al exponer esta parábola Jesús quiere enseñar a sus oyentes que Dios se hace presente en nuestra vida para hacernos participar del regalo de la salvación, del perdón de nuestros pecados, de su amor misericordioso. Y esa presencia del Señor en nuestra vida hemos de vivirla con la misma alegría con que se vive la fiesta de un banquete de boda.
Esa presencia salvadora, simbolizada en las lámparas encendidas, se hizo realidad en nosotros cuando recibimos el Bautismo. Dios nos hizo participar de su vida y nos llamó sus Hijos Amados y predilectos porque para El todos somos únicos e irrepetibles.
La luz de nuestra fe hemos de cuidarla, alimentarla y protegerla para que no se apague y siempre vaya iluminando nuestra vida tanto para guiarnos por el camino recto como para sacarnos de las tinieblas en los momentos de oscuridad y desesperanza.
2.- Hemos de ser como las vírgenes prudentes que tienen prevista la posibilidad de que se vayan apagando las lámparas y saben cómo alimentarlas. La lámpara de nuestra fe hemos de alimentarla con la oración diaria, la lectura atenta y reflexionada de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía como la fiesta del encuentro con el Señor que nos invita a alimentarnos con su pan; con el sacramento de la Reconciliación en el que recibimos el abrazo amoroso del Padre Misericordioso que se alegra de nuestro deseo de estar cerca de Él y sentirnos envueltos en su amor sin límites.
3.- Hemos de estar atentos y no ser descuidados como las vírgenes necias. Si tenemos descuidos constantes y abandonamos la oración diaria, la lectura frecuente de la Palabra de Dios y el empeño de ponerla en práctica después de reflexionarla; si descuidamos la participación en la Eucaristía y dejamos de alimentarnos del pan de la Vida… nuestra lámpara se irá apagando, irá disminuyendo el brillo de su luz, perderemos la orientación de nuestra vida, dejaremos de ir por el camino recto y nos irá envolviendo la oscuridad, la desesperanza y la tristeza.
4.- El Señor no viene a nuestro encuentro solamente al final de nuestra vida sino en muchos momentos y circunstancias. Si nuestras lámparas están apagadas o con poca luz no nos daremos cuenta de que es El el que está cerca de nosotros. No nos dejará El fuera del banquete, sino que seremos nosotros quienes llegaremos tarde y habremos dejado pasar de largo al Señor sin reconocerle.
REFLEXIONEMOS
**Cómo están nuestras lámparas? ¿Vivimos con alegría el encuentro salvador con Dios?
**Hagamos el compromiso de alimentar y cuidar nuestra fe y la vida de Dios en nosotros para que no se apague.

