DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 12 de Junio de 2016
REFLEXIÓN
1.- Los fariseos eran una secta de los judíos que se caracterizaban por exigir un cumplimiento estricto de la Ley, y estaban enfrentados con Jesús por sus enseñanzas y sus actuaciones.
Por todo eso siempre me he preguntado por qué ese fariseo tenía tanto interés de que Jesús fuera a comer a su casa. Quizá para estar cerca de El y tener algo de que acusarle. O quizá sólo por vanidad, para poder presumir ante todos de que Jesús se había sentado a su mesa.
2.- En aquella comida se coló una mujer que se acercó a Jesús por detrás, con una actitud humilde y un corazón rebosante de amor; besa sus pies, los lava con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, los unge con perfume… Un gran amor que le empuja a actuar, aunque estuviera fuera de la Ley, acercándose a la persona amada y tener gestos y actos de amor delante de todos.
El fariseo, siempre pendiente del cumplimiento estricto de la Ley, observa la escena juzgando con dureza en su interior:
*Si fuera profeta sabría que esta es una mujer de la ciudad, una pecadora, y no dejaría que le tocara.
*Juzga a Jesús y a la mujer.
3.- Jesús, conociendo los pensamientos del fariseo, lo enfrenta a su comportamiento y le fuerza a que haga una autocrítica
*La mujer me ha lavado los pies, y tú no lo has hecho
*No ha dejado de besarme y tú no me diste el beso de paz y de bienvenida a tu casa
*Me ha perfumado los pies y tú no me has ungido con perfume.
Tú, tan exigente con los demás en el cumplimiento de la Ley, eres el primero en no cumplirla.
Te fijas y juzgas según las apariencias, pero eres incapaz de ver el corazón. El corazón de esa mujer está lleno de amor y el tuyo no. Tú sólo sabes exigir el cumplimiento de las normas.
4.- También hoy Jesús nos exige una autocrítica forzando a que nos enfrentemos a nuestros comportamientos., haciendo un serio examen de conciencia.
Quizá somos muy fariseos; muy dispuestos a criticar, a juzgar y a condenar, porque nos consideramos buenos, mejores que los demás. Quizá también juzgamos y criticamos a Jesús porque no nos concede lo que le pedimos o no hace las cosas como nos gustaría.
¡Qué fácil nos resulta criticar y juzgar, y qué difícil nos es tener una mirada limpia para ver lo bueno de los demás!
Pidamos hoy al Señor tener un corazón y unos ojos limpios que nos permitan ver lo bueno que hay en el corazón de los demás, y hagamos el compromiso de no juzgar y no condenar como solemos hacer con facilidad.

