JUEVES SANTO

JUEVES SANTO CICLO C

Jueves 18 de Abril de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Esta tarde, de una manera especial, recordamos y revivimos la Última Cena de pascua que Jesús celebró con sus discípulos.

          Es la cena en la que los judíos celebraban su fiesta más grande: Dios los hizo libres de la esclavitud de Egipto y les ofreció una vida nueva llamándolos su pueblo amado y preferido.

          En el marco de esa cena Jesús tiene un comportamiento sorprendente: Él, el Maestro, el Señor, se pone de pie, se despoja de su manto, se ciñe una toalla y se dispone a lavar los pies a los discípulos.

          Era un trabajo, un servicio, encomendado a los esclavos cuando llegados a la casa los invitados, les lavaban los pies polvorientos y doloridos, como gesto de bienvenida y acogida.

          Jesús, el Señor, se convierte en esclavo, pone a los discípulos a la altura de los señores para que aprendan que sólo el que se sabe amado y respetado puede amar y respetar con todo el corazón.

          2.- Al terminar les pregunta: ¿Entendéis lo que he hecho? Guardaron silencio porque no habían entendido nada. Y les explica: “Me llamáis Maestro y Señor… pues haced vosotros lo mismo. Lavaos los pies unos a otros.”

          No es un deseo. Es un mandato. No es un gesto de buena voluntad. Es una exigencia: ser esclavo, ser servidor.

          Nosotros utilizamos un lenguaje parecido al de los discípulos: Maestro, Señor, Excelencia, Ilustrísimo, Reverendísimo…  En cambio, Jesús se llama a sí mismo: Esclavo, Servidor, Pastor… ¡Qué cosas…!!! Qué manera tan distorsionada de cumplir el mandato.

          3.- Tiene Jesús un segundo gesto sorprendente. “Coge el pan: Tomad y comed, es mi Cuerpo… Tomad y bebed, es mi Sangre que será derramada…”

          Tampoco entienden nada. Jesús se hace Pan para que nos lo comamos, para hacerse una misma cosa con nosotros, para que seamos El, hasta el punto de que TODO: nuestros pensamientos, palabras, acciones… sean los Suyos. Para que todos nuestros gestos de amor, de bondad, de ternura de ayuda, de servicio… sean los Suyos, y así, cuantos están con nosotros, perciban la presencia amorosa de Jesús que está siempre a nuestro lado.

          4.- Y de nuevo les da un mandato: “Haced esto en memoria mía”

          La Eucaristía es una fiesta, pero participar en ella con un corazón abierto nos transforma y nos compromete. Y ese compromiso no es un gesto de buena voluntad, es una exigencia porque cada uno de nosotros, al comer su Pan, nos hemos convertido en Jesús allí donde estemos, y hemos de ser capaces de darlo todo, de entregarlo todo, por el bien de los demás y sin pedir nada a cambio.

          5.- Jesús hizo estas cosas, Jesús se comportó así porque nos ama hasta el extremo. Porque su Amor se desbordó entonces como un fuego abrasador con el que quiso transformar nuestra vida. Y se sigue desbordando como ese fuego cada vez que celebramos la Eucaristía.

          Que esta Eucaristía sea una profunda acción de gracias y un infinito canto de alabanza al Señor porque nos ama sin límites. Y sea también un sincero y exigente compromiso de cumplir con fidelidad sus mandatos.

 

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