Familias de la parroquia peregrinan a Roma para vivir el Jubileo 2025

Del 10 al 13 de octubre de 2025, peregrinamos a Roma un grupo de familias de nuestra parroquia con motivo del Año Jubilar 2025. Fueron días para renovar la fe, vivir la comunión y compartir la alegría de caminar juntos, unidos a la Iglesia y al Papa León.

Durante la peregrinación, cruzamos las cuatro Puertas Santas —una en cada basílica mayor—, acogiendo la gracia jubilar en algunos de los lugares más significativos para la fe cristiana

En Santa María la Mayor, nos sentimos especialmente acompañados por la Virgen María, Madre de la Iglesia, escuchando en nuestro corazón las palabras del Evangelio: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Como decía san Ambrosio, la Iglesia aprende de María a ser madre, y allí pedimos aprender de su ternura y disponibilidad.

En San Juan de Letrán, la catedral del Papa, contemplamos la figura de San Juan Bautista, el mayor entre los nacidos de mujer (Mt 11,11). Su vida sencilla y su palabra valiente nos recordaron que el verdadero camino de la fe nace siempre de la conversión del corazón.

En San Pedro, rezamos ante la tumba del Apóstol, piedra sobre la cual Cristo edifica su Iglesia (Mt 16,18). Allí resonaron para nosotros las palabras de san Agustín: «Pedro, el primero de los Apóstoles, representa a la Iglesia entera». En su fortaleza y en su debilidad nos reconocimos también nosotros: Iglesia frágil y hermosa, sostenida por el amor de Cristo.

Y en San Pablo Extramuros, veneramos al apóstol que pasó de perseguidor a incansable testigo del Evangelio. Su grito —“Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20)— nos animó a dejarnos transformar desde dentro.

La peregrinación culminó con una emotiva eucaristía de acción de gracias en las catacumbas de San Calixto, celebrando la fe de tantos que nos precedieron.

Han sido dias llenos de oración, fraternidad y emoción, en los que experimentamos la presencia de Dios y el valor de caminar juntos como comunidad

Damos gracias a Dios por esta peregrinación:
por lo compartido,
por las risas y los silencios,
por las luces y también por las dificultades,
que nos ayudaron a crecer como hermanos y como discípulos.

Porque cuando Dios nos reúne en su amor, cada paso se convierte en gracia, y cada camino compartido, en un pedacito de cielo.

 

Misa en Santa Maria
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