JESÚS VIVE

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Domingo 27 de Marzo de 2016
REFLEXIÓN
         1.- Con la muerte de Jesús todo había terminado. Los discípulos estaban sumidos en una enorme tristeza porque el final era un enorme fracaso. Todas las ilusione, los proyectos, las esperanzas… todo había quedado encerrado en el sepulcro.
         Las mujeres, que habían madrugado para ir a embalsamar a Jesús, se quedan totalmente desconcertadas: El sepulcro está vacío. No entienden nada. Pero poco a poco, tanto ellas como los discípulos van entendiendo que Jesús ha cumplido su palabra, ha resucitado, está vivo.
         Cuando se les aparece, les cuesta a todos reconocerle. Tiene que ser después de varios encuentros con El cuando se convencen.
         Ese convencimiento les llena de una alegría tan grande que no pueden controlar la necesidad de gritarlo, de contarlo a todos: Jesús ha resucitado, está vivo, vive entre nosotros. Como prometió, no nos ha dejado solos.
2.- A nosotros nos ocurre lo mismo: Nos cuesta reconocer a Jesús vivo, siendo nuestro compañero de camino, nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro apoyo, nuestra fortaleza, el que nos comprende, nos acepta como somos y siempre nos transmite ánimos y esperanza.
Pero para convencernos, necesitamos repetidos encuentros personales con Él.
Hemos de aceptar sus invitaciones a estar con Él especialmente en la Eucaristía, sin buscar escusas y justificaciones para no acudir.
Hemos de buscar encuentros con Él en la oración, en la lectura y reflexión de la Palabra, en el silencio y la soledad, en los momentos de compartir con los demás lo que siente nuestro corazón tal como hacían los discípulos. Y así, aunque sea poco a poco, llegar al convencimiento absoluto de que Jesús vive en nosotros, camina a nuestro lado y se hace presente a los demás a través de nosotros.
3.- Jesús ha resucitado. No perdamos la alegría ni la esperanza. Si Él vive en nosotros no podemos perder la alegría. Si Él ha vencido la muerte y ha triunfado sobre sus enemigos, no podemos perder la esperanza. Todo puede resucitar; todo puede cambiar; todo puede mejorar.
         Vivamos siempre resucitados y contagiemos a los demás nuestra alegría y nuestra esperanza.

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