¿HAY SITIO PARA ÉL?

NOCHE BUENA – NAVIDAD CICLO A

24-25 de Diciembre de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Envueltos en el misterio que nos narra este pasaje del Evangelio, nos dejamos llevar por el silencio de la noche para contemplar en la imagen del Niño Jesús el espléndido y sobrecogedor gesto del Amor Infinito de Dios que llama a nuestra puerta porque quiere entrar en nuestra casa y acompañarnos en nuestra vida.

          Es el Misterio del Amor Infinito de Dios que quiere hacerse pequeño y frágil como un bebé para que descubramos su ternura, su deseo de ser acogido, y hacernos entender que necesita de nosotros.

          Sólo un Dios grande e inmenso puede hacerse tan pequeño y tan vulnerable, puede renunciar a su condición divina para hacerse uno de tantos, ser como nosotros, hablar nuestro lenguaje, pasar las mismas necesidades que nosotros, sufrir como nosotros. Y todo para que le conozcamos mejor y le amemos más, y nos demos cuenta de que sólo quiere que seamos felices.

          Llamó a todas las puertas en Belén y no hubo sitio para Él, ni siquiera en la posada. Tuvo que conformarse con nacer excluido por todos y quedarse sin techo, acompañado solamente por el mulo en el que viajaron sus padres, y contentarse con estar recostado en las pajas de un pesebre en el que se alimentaban los animales.

          2.- Hoy, como entonces en Belén, el Señor llama insistentemente a nuestras puertas para que le dejemos entrar.

          Pensemos cuantas veces le decimos que en ese momento no queda sitio para Él porque estamos ocupados y atareados con muchas cosas. A lo mejor ni siquiera le abrimos la puerta porque no queremos que nos moleste, no sea que le tangamos que dedicar tiempo y escucharle con atención para saber qué quiere de nosotros.

          Esta noche, contemplando la imagen del Niño Jesús, asombrados y sobrecogidos por el enorme misterio de Dios, abrámosle las puertas, dejémosle que inunde nuestro corazón y nuestra vida con su presencia, que nos haga saltar de alegría al sabernos y sentirnos amados con un amor infinito. Digámosle que si, que en nuestra casa hay sitio para Él hoy y siempre.

          Pensemos también en tantos excluidos y sintecho que hay en nuestra sociedad y que es Jesús el que vuelve a nacer en cualquier rincón del mundo sin que nadie le haga caso.

          3.- Aprendamos de Jesús

+ La Humildad de renunciar a su condición divina y aceptar nacer como un excluido y sin techo.

+ La Paciencia porque no se enfada a pesar de verse ignorado por los que entonces y ahora somos su pueblo y del poco amor con que le tratamos.

+ La Sencillez porque se conforma con vivir como un sencillo trabajador en una aldea pequeña y desconocida sin pretender honores y privilegios.

          Unamos nuestras voces a las del coro de Ángeles que bendecían y daban gloria a Dios por el gran regalo que estaba haciendo a los hombres. Corramos a su encuentro como aquellos pastores que recibieron la buena noticia.

Abrámosle la puerta. Dejémosle que ocupe su lugar en nuestra casa. Descubriremos que cada día podemos vivir la alegría de la Navidad porque, a pesar de todo, quiere estar con nosotros.

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