DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 8 de Febrero de 2015
REFLEXIÓN
1.-El grito de Job ante el Señor en medio de tanta soledad y abandono en que vivía, nos hace escuchar el grito de tantos que, sumidos en la pobreza más radical, viven sin esperanza y piden ayuda.
Nosotros somos instrumentos de Dios no sólo para escuchar el clamor de tanto sufrimiento, sino también para actuar de algún modo que podamos aliviar el sufrimiento y ayudar a recuperar la esperanza y la dignidad a tantos hermanos nuestros que lejos, o con frecuencia muy cerca de nosotros, pasan hambre, son aplastados por leyes injustas y sufren los abusos de quienes tienen poder y dinero pero no tienen corazón.
2-Jesús nos da el ejemplo que necesitamos para saber cómo actuar.
Al saber que está enferma la suegra de Pedro, Jesús toma la iniciativa, acude en su ayuda, la coge de la mano, la levanta; le devuelve la salud y la dignidad. Ella se incorpora de inmediato al trabajo y se pone a servirles. Mientras, Jesús sigue atendiendo a todos los que van acudiendo a Él, aliviado sus sufrimientos y enfermedades.
Deberíamos como Jesús tomar nosotros la iniciativa, sin esperar a que nos lo pidan, y por la exigencia y la urgencia de amar, acercarnos a los más necesitados y excluidos, a los que más sufren, a los abandonados y maltratados de nuestra sociedad, sin olvidar a cuantos en países alejados del nuestro viven la exclusión y el sufrimiento de forma sangrante y masiva.
No podemos sentirnos cómodos y con la conciencia tranquila al conocer y ser conscientes de esta realidad, tanto entre los que viven o subsisten como pueden cerca de nosotros, como los que mueren a millares en países alejados del nuestro, pero que también sufren las consecuencia de nuestro egoísmo y de nuestro comportamiento injusto.
3.- Derrochamos en exceso los bienes de que disponemos. Tiramos demasiada comida, gastamos demasiado de forma caprichosa e irresponsable. No sabemos valorar lo que tenemos y no siempre nos sentimos cuestionados por quienes lo pasan mal y tienen menos que nosotros.
Nos cuesta desprendernos de lo nuestro y no acabamos de darnos cuenta del bien que hacemos a quienes reciben la ayuda.
4.- Demos gracias a Dios por todo lo que tenemos. Y a la vez asumamos el compromiso de compartir lo nuestro , como lo hacían los primeros cristianos, para que nadie pase necesidad. Así al menos, aunque de forma sencilla contribuiremos a aliviar el hambre en el mundo.

