DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
CELEBRACIÓN DE S. LEANDRO CLAUSURA XXV ANIVERSARIO
Domingo 18 de Noviembre de 2018
REFLEXIÓN
1.- A lo largo del año hemos compartido la alegría de este largo recorrido de la vida parroquial, hemos recordado acontecimientos importantes, y cada día hemos dado gracias al Señor por tantas cosas buenas que nos ha dado.
Hoy, ayudados por la vida y las enseñanzas de S. Leandro, conviene que miremos hacia el futuro teniendo en cuenta nuestra situación actual.
2.- Una preocupación urgente de S. Leandro fue procurar y mantener la unidad de todos los cristianos. Por eso me parece que hoy se cumplen en nosotros y que por eso tienen una fuerza especial, las palabras de Jesús en el Evangelio que hemos escuchado: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
Durante estos años han ido pasando por la parroquia personas y sacerdotes que han tenido su aportación y en ocasiones han dejado una impronta especial en la vida de la parroquia, y entre todos hemos ido caminando hacia el objetivo de ser una gran familia. Las personas y las situaciones han pasado, pero ha permanecido la comunidad parroquial. Han permanecido las palabras y las enseñanzas de Jesús.
Y eso es lo primero que hemos de tener en cuenta cuando miramos hacia el futuro. La Parroquia ha de seguir caminando, avanzando y consolidándose como una Gran Familia unida en el Amor, porque no es el deseo, sino el mandamiento principal de Jesús, que se nos distinga porque nos amamos unos a otros como Él nos ha amado y nos sigue amando.
Hemos de cultivar la capacidad de amar al estilo de Jesús manteniendo su presencia en nuestra vida, alimentando y fortaleciendo nuestra fe con la escucha atenta de La Palabra de Dios. Una Palabra que hemos de reflexionar, interiorizar y convertir en vida.
Hemos de ensanchar nuestro corazón con el Sacramento de la Eucaristía, para que nuestro corazón sea semejante al suyo y poder amar como Él nos ama.
Hemos de evitar y apartar de nuestra vida todo lo que estropee, deteriore o rompa esa unidad en el amor: El egoísmo, la envidia, el orgullo, la crítica, la maledicencia que muchas veces se convierte en calumnia, todo lo que cree divisiones y malestar. Y a veces esos comportamientos son demasiado frecuentes.
Hemos de fijarnos en lo fundamental y en lo importante, y no hacer de las pequeñas cosas grandes obligaciones o grandes problemas.
Hemos de reconocer y valorar lo que cada uno tenemos de distinto, porque nos enriquece, nos complementa y nos ayuda a ser mejores.
Hemos de ser una comunidad abierta, acogedora, de modo que nadie se sienta extraño, que quien acuda a nosotros se sienta integrado en la Gran Familia, que no haya nadie que se sienta invisible y no tenido en cuenta. Que todos se sientan en su casa. Que nadie se sienta excluido y que aquellos que son los más olvidados de la sociedad, también encuentren en nosotros una palabra de cariño y un gesto de solidaridad.
Mantengamos el corazón abierto y las manos extendidas, agarrándonos fuertemente para que nada ni nadie pueda romper la unidad.
3.- La segunda preocupación urgente de S. Leandro fue la evangelización. Que los cristianos tuvieran una buena y sólida formación para que su fe no se tambaleara, para que pudieran hacer frente a las frecuentes desviaciones que estaban presentes en su tiempo, y para que pudieran anunciar, explicar y clarificar el mensaje de Jesús siempre, a todo el mundo y especialmente a quienes deseaban conocer y acercarse más a Jesús.
Esa misma preocupación hemos procurado tener y hemos de procurar mantener, porque es la misión que encargó Jesús a sus discípulos: “Anunciad el Evangelio y haced discípulos de todos los pueblos”.
No hemos de avergonzarnos de ser cristianos, hemos de ser fieles a lo que creemos y vivir con coherencia. Que nuestras palabras, nuestros criterios y nuestras obras manifiesten siempre lo que creemos. Que seamos presencia de Jesús allí donde estemos porque, como decía S. Francisco, hay muchas personas que el único evangelio que leerán y conocerán serán nuestras obras, será nuestra vida.
4.-. Al terminar las celebraciones de estos 25 años tenemos de nuevo ocasión de dar gracias al Señor por tantas cosas grandes que ha hecho en nosotros, porque nos ha acompañado en nuestro caminar de cada día y porque poco a poco hemos ido siendo y sintiéndonos una Gran Familia, que con el tiempo ha ido creciendo y haciendo presente a Jesús en nuestro barrio.
Pero también es el momento de renovar nuestra decisión de que amarnos unos a otros es lo más importante que podemos hacer, y renovar también nuestro compromiso de trabajar juntos, como decía S. Pablo, “en los duros trabajos del Evangelio” para que cada día sean más las personas que deseen seguir, conocer y amar a Jesús, y así entre todos vayamos haciendo posible que nuestro mundo sea un poco mejor, aunque sólo lo consigamos en nuestro barrio.
Que S. Leandro nos ilumine, nos guíe, nos proteja, nos ayude a vivir como buenos cristianos y hacer lo que el Señor espera de nosotros.

