FIESTA DE LA ASCENSIÓN

DOMINGO VII DE PASCUA CICLO B
FIESTA DE LA ASCENSIÓN
Domingo 17 de Mayo de 2015
 REFLEXION
1.- Los discípulos quedaron con los ojos clavados en el cielo mientras Jesús desaparecía de su vista para siempre.
Pienso que esa actitud es la que deberíamos tener siempre los cristianos: tener los ojos clavados en el cielo para no olvidar:
A) Que de allí es de donde nosotros venimos. Todo lo que somos y tenemos viene del cielo: La vida, la familia, las cualidades, la Vida de Dios que se nos dio en el Bautismo, los dones del Espíritu Santo que hemos de saber aprovechar para que den frutos abundantes…. Y así una larga lista que cada uno podemos hacer.
B) Que es el cielo hacia donde nosotros nos dirigimos. En el cielo viviremos en plenitud todos los dones y los bienes que hemos recibido de Dios: La Vida que se nos dio en el Bautismo, el Amor de Dios que aquí vamos descubriendo y experimentando; en el cielo es donde viviremos intensamente todo lo que aquí hemos esperado, deseado, experimentando pobremente…
Pero sobre todo, como dice S. Pablo, ya no veremos a Dios como en un espejo sino cara a cara, tal como es, y participaremos de su gloria para siempre.
         ¿Vivimos así o algo tenemos que cambiar?
2.- Mientras los discípulos estaban mirando al cielo, dos hombres vestidos de blanco se les presentaron y les dijeron: ¿Qué hacéis aquí…? Y les recordaron el mandato de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”
Anunciar el Evangelio es sobre todo anunciar, gritar, hacer saber que Dios nos ama. Que Dios ama a todos sin distinción; que ama a cada uno como es; que nos ama siempre; camina a nuestro lado y nos ayuda aunque no nos demos cuenta; está pendiente de nuestras cosas, comparte nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, no nos deja nunca solos… Y por todo eso es por lo que tenemos motivos de estar contentos y vivir con alegría siempre.
Ese anuncio lo podemos hacer con nuestras palabras si es oportuno y tenemos ocasión. Pero sobre todo lo podemos y debemos hacer siempre con nuestras obras.
La bondad de nuestro corazón, los gestos de ternura y de cariño, las palabras dulces y amorosas, las ayudas grandes o pequeñas que podemos ofrecer con prontitud, el tiempo que podemos dedicar…. Y siempre con buena cara, con una sonrisa, transmitiendo y contagiando lo que llevamos en el corazón.
Pidamos al Señor que nos ayude a ser evangelizadores siempre; pero sobre todo que miremos al cielo en todos los momentos de nuestra vida.

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