FELICES

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 17 de Febrero de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Por muchas veces que leamos este pasaje de las Bienaventuranzas, siempre nos va a desconcertar porque la escala de valores y la forma de vivir que propone Jesús es justo lo contrario que promueve nuestra sociedad.

          Es como si Jesús propusiese construir un mundo al revés y nosotros tuviéramos que vivir caminando contra corriente.

          Desde nuestra propia experiencia no es difícil afirmar que poner el corazón en los bienes materiales, actuar con egoísmo y prepotencia para conseguir lo que queremos, aunque seamos injustos y violentos, buscar una alegría falsa y una felicidad fácil sobrepasando todas las líneas rojas del dominio de nosotros mismos y de nuestra dignidad, tener las intenciones más retorcidas para conseguir nuestros propósitos… no nos hace ser felices, ni carecer de remordimientos de conciencia, ni dormir tranquilos y en paz.

          De ese modo siempre nos sentimos vacíos, viviendo sin encontrar el sentido de lo que hacemos y con una tristeza que nos impide hacer verdaderamente felices a los demás.

 

          2.- En cambio, si acogemos este texto para rezar y para meditar, nos daremos cuenta de lo lejos que estamos de lo que Jesús propone, pero descubriremos que fue ese el estilo de Jesús, que fueron esos los valores y virtudes que Jesús enseñó y puso por obra.

          Desde la humildad de reconocer que lo intentamos muchas veces pero que sólo conseguimos hacer pequeños propósitos y avanzar muy poco, podremos acercarnos a Jesús para suplicarle:

+“Tú que eres limpio de corazón, contágiame tu limpieza.

+Tú que viviste pobre, contágiame tu capacidad de ser pobre y desprendido.

+Tú que estás al lado de los pobres y los excluidos, contágiame el empeño de trabajar por la justicia, la solidaridad y la generosidad, y sentir el dolor de los que sufren y los que lloran.

+Tú que fuiste perseguido y ajusticiado por decir la verdad y denunciar la mentira y la hipocresía, contágiame de tu capacidad de levantar la voz en nombre de los que son silenciados”.

 

          3.- Para que el Señor nos pueda contagiar, es preciso estar junto a Él y abrir nuestro corazón a su presencia para que arranque nuestro corazón de piedra y nos dé un corazón de carne semejante al suyo.

          Hagamos el propósito de meditar con frecuencia las Bienaventuranzas y pidamos ser constantes en el propósito de convertir en vida nuestros buenos propósitos, de arriesgarnos a construir un mundo al revés y recordemos lo que hemos repetido en el salmo:

 

“Dicho el hombre que confía en el Señor… Será como un árbol plantado junto al agua, que no se marchitan sus hojas, da frutos abundantes y siempre tiene buen fin.”

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