EXCLUIDO

NOCHEBUENA – NAVIDAD CICLO C
24 – 25 de Diciembre 2015
REFLEXION
         1.- En una noche como esta para José y María, recién llegados a Belén, no había sitio en la ciudad ni en la posada.
         Tuvieron que cobijarse en un establo frío y sucio. Y allí, solos, fueron protagonistas y testigos del acontecimiento más grande y  más sagrado de la historia de la humanidad.
         Oyendo la narración del evangelio, nos es fácil afirmar que Jesús nació pobre y excluido de la ciudad y de sus habitantes. Nadie les acogió a pesar de la delicada situación de María.
         Sólo la grandeza de Dios, que ama sin límites a cada hombre, puede hacerse tan pequeño, tan pobre y tan excluido, y a la vez convertir un establo en un lugar sagrado, en el templo de Dios.
         Sólo Dios puede hacerse tan frágil y tan necesitado de todos como un bebé recién nacido y ponerse totalmente en manos de los hombres.
         Sólo Dios puede mostrar tanto Amor y tanta ternura poniendo rostro humano a su Palabra y acompañarla de obras de misericordia y compasión ante toda miseria humana para que todos pudieran entender que Dios ama a todos, incluso a los más excluidos, con un amor sin medida.
         2.-Si nos miramos en el espejo de este acontecimiento, nosotros somos con frecuencia como la ciudad de Belén y como el establo.
         En muchas ocasiones excluimos a Jesús de nuestras vidas. No tenemos sitio ni tiempo para El. A veces incluso queremos que no tenga nada que ver en nuestra vida.
Él nos pide cobijo y también con frecuencia encuentra nuestro corazón frío y sucio como un establo, pero el milagro de su presencia es convertir nuestro corazón en su templo.
Y  nos pide  también que no apartemos la mirada de todos los pobres y excluidos de nuestra sociedad que son los más parecidos a Él.
3.- Al igual que a los pastores también hoy se nos anuncia que Jesús ha nacido en nuestro corazón, nos ha convertido en su templo y en portadores de su Amor y su ternura. Por eso es ahora el momento de comenzar  a llevar una vida sobria, honrada y religiosa y de unirnos al coro de los ángeles para cantar el himno de su gloria por las maravillas que realiza en nosotros.
         Dejemos que Jesús se quede siempre con nosotros. Procuremos acogerle con un corazón limpio y no olvidemos que nos ha convertido en un lugar sagrado y en templos de su gloria.

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