EVANGELIZAR

DOMINGO VII DE PASCUA CICLO B

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Domingo 13 de Mayo de 2018

REFLEXIÓN

          1.-Podemos decir que con la Ascensión de Jesús a los cielos termina el tiempo de su paso por la tierra y comienza el tiempo de los discípulos, el tiempo de la Iglesia. Ellos así lo entendieron y, tal como acabamos de escuchar, se dispersaron y comenzaron a predicar el Evangelio por todos los rincones de la tierra.

Lo que tenían que hacer no era quedarse ensimismados mirando al cielo y añorar estar junto a Jesús. Debían volver a la vida de todos los días y en ese contexto, tanto con la palabra como con las obras, anunciar la Buena Noticia: Que Dios nos ama, y que el Amor de Dios se tiene que hacer presente a través de nuestras vidas.

 

          2.- La tarea evangelizadora es esencial en la vida de la Iglesia. O la Iglesia es misionera o no es la Iglesia de Jesús. Y con cierta frecuencia pensamos que la tarea misionera corresponde a los sacerdotes, a los religiosos o a personas especialmente consagradas, y nos olvidamos de que es una tarea en la que estamos todos implicados: los padres deben hablar de Jesús a los hijos, enseñarles a ser buenos cristianos y hacer que se sientan miembros activos de la gran familia de los hijos de Dios que se concreta en la parroquia; les corresponde también a los catequistas, a los profesionales de la educación… a cada uno en la propia situación de su vida.

          Ese amor generoso y desinteresado tiene que ser palpable en todo momento. Las personas no somos números, ni objetos, ni esclavos al servicio de los poderosos, sino hijos de Dios con nombre y apellido, tenemos una dignidad, merecemos un respeto y sobre todo necesitamos amar y ser amados. Y ese regalo del Amor lo hemos recibido ante todo de Dios y hemos de repartirlo.

          Sólo cuando nos convenzamos que el mensaje de Jesús es así de sencillo y a la vez así de comprometedor, es cuando empezaremos a construir de forma eficaz el Reino de Dios y el mundo nuevo que tanto necesitamos y que Dios soñaba cuando lo creó.

 

          3.- Hoy también celebramos la fiesta de la Virgen de los Desamparados. Una fiesta en la que recordamos ese gesto de amor real y comprometido del P. Jofre que fue el comienzo de la cofradía de Ntra. Sa. De los Inocentes y Desamparados y de la construcción del primer Hospital Psiquiátrico del mundo.

          Como ha ocurrido otras muchas veces y sigue ocurriendo hoy, la Iglesia, los cristianos, somos los pioneros, los iniciadores de muchas obras motivadas por hacer realidad el mandato del Amor especialmente a los más pobres y desamparados. Y nosotros no podemos olvidar que somos los herederos de ese compromiso de atención y ayuda a los más excluidos que nace del Evangelio y puso en práctica el P. Jofre; compromiso que deberíamos tener grabado en nuestro corazón junto a la devoción a la Madre de los Desamparados.

 

          4.- Que nuestra vida de cristianos sea tener siempre los ojos puestos en el cielo, como los discípulos, pero también con los pies puestos en la tierra, viviendo al estilo de Jesús y siendo evangelizadores.

 

REFLEXIONEMOS UN MOMENTO

Para decidir cómo vamos a cumplir el mandato de Jesús de anunciar el Evangelio.

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