ESTAD DESPIERTOS

DOMINGO I DE ADVIENTO CICLO C
Domingo 29 de Noviembre de 2015
REFLEXIÓN
         Al comenzar el Adviento la Palabra de Dios nos ofrece tres consejos que nos pueden ayudar a prepararnos para la Navidad:
         1.- El primer consejo es: NO SE EMBOTE VUESTRA MENTE.
         Sin darnos cuenta es muy fácil que tengamos la mente embotada porque estamos preocupados por los adornos, los regalos, los vestidos, las comidas con familiares y amigos… y a todo eso hay que añadir el agobio de las tareas diarias de casa y del trabajo.
         Estamos todavía en noviembre y la publicidad nos arrastra a pensar que ya ha llegado la Navidad en el Centro comercial, en el supermercado, en la ciudad con luces y abetos ya instalados e iluminados…
         Esa es nuestra realidad. Pero es eso Navidad?
         2.- El segundo consejo es ESTAD DESPIERTOS.
         Hemos de estar despiertos para darnos cuenta de que nos están robando el verdadero sentido de la Navidad. Despiertos para escuchar la Palabra de Dios que nos anuncia que Dios se ha hecho hombre y quiere vivir entre nosotros y en nosotros para que aprendamos que el Amor es lo único que nos hace felices, que llena nuestro corazón de alegría y de paz.
         Despiertos para darnos cuenta de que nos engañan y que lo importante es abrir nuestra mente y nuestro corazón para que Jesús nazca en nosotros, nos llene de su presencia, y esforzarnos para que se quede siempre con nosotros.
         3.- El tercer consejo es: MANTENEOS EN PIE
         Esa es la actitud propia del que comienza a caminar. Hemos de hacer posible que los consejos que nos ofrece la Palabra de Dios se conviertan en obras y formen parte de nuestro modo de actuar repartiendo pequeños gestos de amor, sonrisas, gestos de ternura para los que nos rodean como lo hace el Papa Francisco, prestar atención al que necesita hablar y contarnos sus cosas, regalar tiempo al que se siente o está solo.
         Dejar que Jesús nazca en nosotros es dedicarle tiempo para estar con El, dejarle que nos transforme desde lo más hondo de nosotros y seamos más semejantes a El.
         Aprovechemos el Adviento como un tiempo de gracia, de purificación, de renovación interior para que nadie nos robe la oportunidad de tener la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida.

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