ESPERAR

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICO B

Domingo 17 de Junio de 2018

REFLEXIÓN

          1.- Cuando escuchamos con atención la Palabra de Dios y ponemos interés en llevarla a la práctica, deseamos que los cambios en nuestra vida sean rápidos, casi inmediatos. Y cuando constatamos que no es así tenemos la tentación de desanimarnos y de pensar que todo nuestro esfuerzo y nuestro interés no sirve para nada.

          Por eso hoy el Señor quiere regalarnos una palabra de ánimo.

          2.- Nos pone el ejemplo del labrador.

          Su tarea es preparar la tierra de la mejor manera, sembrar, regar, vigilar para proteger la siembra de malas hierbas o pequeños animales que la puedan estropear. Pero sobre todo ESPERAR a que la semilla germine, crezca y llegue el momento de recoger el fruto.

          Así ocurre en nuestra vida. A nosotros nos toca la tarea de preparar nuestro corazón, acoger la semilla de la palabra que el Señor siembre en nosotros, regarla con la oración y los sacramentos, protegerla de todo lo que la pueda estropear o matar (tentaciones, debilidades, equivocaciones, malos consejos, situaciones poco favorables…). TENER PACIENCIA Y ESPERAR.

          Es el Señor quien la hace crecer, es la gracia y la presencia del Espíritu Santo quienes la hacen madurar y a su tiempo dar fruto. Y a nosotros nos toca tener paciencia y constancia en el cuidado de la semilla, paciencia y constancia en la espera, y contemplar agradecidos como poco a poco vamos mejorando, nuestra vida va cambiando y casi sin darnos cuenta vamos dando frutos de buenas obras.

          No olvidemos cuánta PACIENCIA tiene el Señor con nosotros y que la PACIENCIA de Dios es nuestra salvación.

          Si el Señor tiene paciencia con nosotros, ¿por qué nosotros no?

          3.- Eso mismo nos ocurre a quienes estamos involucrados en la misión de anunciar el Evangelio: Sacerdotes, religiosos, catequistas, padres de familia, educadores…. Deseamos ver como nuestro trabajo y todos nuestros esfuerzos dan frutos en la vida de aquellas personas que nos están encomendadas. Y cuántas veces perdemos la paciencia, deseamos cambios rápidos y eficaces que nos den la satisfacción del trabajo bien hecho.

          Nos olvidamos de que cada persona tiene su ritmo de crecimiento y necesita su tiempo, como también nosotros llevamos nuestro ritmo y necesitamos nuestro tiempo para ir cambiando y mejorar. No sólo hemos de saber esperar, sino también tener PACIENCIA para no perder la calma y no desanimarnos.

          Si el Señor tiene paciencia con nosotros ¿por qué no hemos de tener también nosotros con los demás?

 

REFLEXIONEMOS no sólo un momento, sino con bastante frecuencia

++Si preparamos bien nuestro corazón y si sabemos tener paciencia y esperar.

++Si sabemos tener paciencia con los demás.

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