ENVIDIA

DOMIGO XXV DEL  TIEMPO ORDINARIO CICLO  A

Domingo 24 de Septiembre de 2017

REFLEXIÓN

         Una vez más Jesús quiere, en una parábola, mostrarnos el rostro misericordioso de Dios. Ese es el comportamiento del amo de la finca:

         1.- Sale varias veces a lo largo del día a contratar jornaleros. No quiere ver a nadie ocioso y sin trabajar y por eso contrata a cualquier hora del día.

         Aunque en nuestra sociedad la falta de trabajo es un problema que se nos escapa de las manos, el Señor no quiere que estemos perdiendo el tiempo. No quiere que desaprovechemos la vida.

         Podemos ocupar el tiempo en muchas cosas que sirvan para desarrollar nuestras cualidades, participar en situaciones y actividades en las que podamos ayudar y hacer el bien  a los demás.

         No debemos estar ociosos ni dejarnos llevar por la desgana y la pereza. La vida es demasiado importante como para que la desaprovechemos.

         2.-El dueño de la finca se llama a sí mismo bueno. Mientras él muestra su rostro compasivo y misericordioso con los trabajadores pagando a todos el mismo salario, ellos desgastan su tiempo con críticas y envidias pidiendo un modo de practicar la justicia que no es la del amo.

         Así nos ocurre con Dios. Mientras El regala su misericordia libre y gratuitamente a todos, los hombres desgastamos nuestra vida pidiendo una justicia llena de orgullo, de vanagloria porque nos consideramos mejores y superiores a los demás; pretendemos corregir a Dios y le acusamos de injusto.

        Tenemos un comportamiento lleno de envidia que provoca enfrentamientos, divisiones, actitudes agresivas… que no tienen nada que ver con la justicia misericordiosa de Dios. Así les contesta el amo a los jornaleros: ¿Es que vais a tener envidia porque soy bueno?

 

         3.-  Recordemos las palabras del Señor en la primera lectura: Mis caminos no son vuestros caminos. Mis proyectos y mis deseos no son vuestros.

         La parábola nos recuerda que Dios es un Padre bueno y nosotros no somos quienes para juzgarlo, echándole en cara cosas y exigiéndole que actúe según nuestros criterios, porque por mucho que queramos no llegaremos a comprenderlo. Debemos creer y confiar en su bondad y en su justicia.

 

REFLEXIONEMOS:

         ** ¿Creemos que Dios es un Padre bueno y todo lo hace para nuestro bien?

         ** ¿Somos perezosos y desaprovechamos nuestra vida?

         ** ¿Somos envidiosos y provocamos divisiones y enfrentamientos

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