ENVIADOS

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 12 de Julio de 2015
REFLEXIÓN
1.- Jesús envía a los Doce de dos en dos a predicar y a realizar muchas señales con las que poder acreditar y hacer creíble que sus palabras de salvación son la Verdad.
Les pidió que llevarán lo mínimo necesario: el bastón de caminante, las sandalias y la túnica. Sólo ese equipaje. Y es que un discípulo siempre es un caminante, un mensajero de la Buena Noticia por todos los rincones del mundo.
Les pidió que fueran portadores de paz y permanecieran allí donde fueran aceptados. De lo contrario que se fueran haciéndoles saber que no habían querido aceptar la salvación.
Hay algo más que debemos tener en cuenta. No sólo envía a los Doce. En el A.T. tal como hemos escuchado en la primera lectura, también elige y envía como profeta, como mensajero y anunciador, a Amos, pastor y cultivador de higos.
No es necesario ser de los Doce para que el Señor elija y envíe.
2.- En la segunda lectura, S. Pablo nos recuerda que antes de la creación del mundo TODOS ya estábamos en la mente de Dios, y que por iniciativa suya, por puro amor a nosotros, nos había destinado a ser santos, a hacer presente su amor. O dicho de otra manera: Nos eligió y nos destinó a ser profetas.
Muchas veces decimos y pensamos que el Señor nos envía a anunciar el Evangelio. Pero para hacerlo bien necesitamos varias cosas:
• Tener plena conciencia de que el Señor nos ha tenido en su mente desde siempre, nos amó y nos destinó a amar a TODOS con el mismo amor con el que El ama.
• Eso implica mantener una intensa relación personal con el Señor para que esa correspondencia de amor no se apague y podamos hacerla presente en la vida de los demás.
• Ser portadores de paz, lo cual sólo es posible si estamos en paz con Dios y con nosotros mismos. Así podremos regalar esa paz favoreciendo el perdón, el diálogo, la comprensión, la misericordia, la armonía, la fraternidad.
• Vivir con austeridad. Tener sólo lo necesario. No podemos olvidar que somos caminantes, mensajeros, de modo que podamos compartir lo que nos sobra con los que tienen menos o no tienen nada. Y hacer posible que desde nuestra austeridad o nuestra pobreza brille con todo su esplendor que la salvación y la presencia del Reino es SOLO obra del Señor y nosotros unos simples envíanos a anunciarlo y prepararlo.

3.- No pongamos nuestra confianza en nuestras fuerzas, ni en los medios materiales, ni en los grandes eventos que podemos organizar. Así nos equivocamos.
Pongamos nuestra confianza en el Señor, actuemos con humildad y dejemos a Dios ser Dios sin dejar de hacer nosotros lo que debemos hacer.

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