DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 16 de Septiembre de 2018
REFLEXIÓN
1.- ¿Qué es ser cristiano? Es ser discípulo de Cristo.
¿Qué es ser discípulo de Cristo? Es conocer, amar y seguir a Jesús.
¿Quién es Jesús para mí?
Podemos convertir estas preguntas del catecismo en afirmaciones: Sólo se puede amar a alguien si se le conoce. Sólo si se le conoce si se le ama, y sólo así se puede desear seguirle para ser como él y hacer lo mismo que él. ¿Quién es Jesús para mí? Él ha de ser nuestro amor primero porque podemos saber muchas cosas sobre Él, pero no nos interesará lo suficiente como para seguirle sin poner condiciones.
2.- Por eso, en primer lugar, necesitamos conocer más y mejor a Jesús: su vida, sus enseñanzas, sus obras.
Necesitamos, como entonces sus discípulos, estar con Él y dedicarle tiempo, escucharle, hablar con El como ese amigo especial en quien depositamos nuestro corazón y compartimos toda nuestra vida porque confiamos en Él, estamos convencidos de que nos ama sin límites y queremos llegar a enamorarnos de Él hasta el punto de que sin Él no podemos hacer nada.
3.- Como en toda amistad, en nuestra relación con Jesús pueden surgir dificultades: momentos de dudas y de oscuridad, nuestras manías y los cambios de nuestro estado de ánimo, nuestro empeño de que haga lo que nosotros queremos porque creemos que tenemos razón y nos tiene que hacer caso…
Cuando nos comportamos así Él nos puede decir como a Pedro: “Tu piensas como los hombres, no como Dios”.
Son dificultades que hemos saber aceptar con humildad, creciendo en confianza y seguridad de que nos ama. Hemos de ser constantes en la lectura del Evangelio para conocerle cada vez más, en la oración como medio de tener un diálogo íntimo con Él, en la participación en la Eucaristía compartiendo su mesa y su Pan, y preguntarnos constantemente qué haría Él si estuviera en nuestro lugar para comportarnos como Él lo haría.
4.- Jesús también les hablaba de lo que iba a padecer, de que iba a ser perseguido y traicionado, que lo matarían pero que resucitaría y triunfaría sobre sus enemigos. Les costaba entender y aceptar esa situación al igual que nos ocurre a nosotros.
Nos resulta difícil y costoso aceptar que ser discípulo de Jesús es encontrarnos con críticas, con desprecios, con dificultades… porque hemos de pensar como Dios y no como los hombres, y estar dispuestos a renunciar a una manera cómoda y fácil de ser cristiano.
O lo que es lo mismo: Olvidarnos de nosotros, cargar con nuestra cruz de cada día y seguirlo. No podemos olvidar que eso sólo podemos hacerlo si estamos enamorados de Él.
RELFEXIONEMOS UN MOMENTO
++¿Estamos dispuestos a ser cristianos de verdad?

