EL REINO

DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Domingo 20 de Noviembre de 2016

REFLEXIÓN

         1.- Con la fiesta de este domingo terminamos el año litúrgico; un año que comenzó el 1º Domingo de Adviento y a lo largo del cual hemos ido recorriendo los acontecimientos más importantes de la  ida de Jesús y de nuestra salvación.

         Jesús hablaba constantemente del Reino de los cielos, pero de un reino, como dijo ante Pilato, que no es de este mundo.

         2.- Los reinos de este mundo están envueltos por la presencia del mal y organizados con unas leyes que muchas veces son injustas porque benefician a los más ricos y poderosos y dejan al margen a los más pobres y más débiles.

         El orden, el bienestar, la justicia, la paz… se imponen caprichosamente y  con frecuencia por la fuerza y con violencia y en beneficio de unos pocos.

         El Reino del que habla Jesús sólo tiene una ley: EL AMOR, y cumpliendo esa Ley todas las cosas funcionan bien:

*Se respeta la dignidad de todas las personas sin distinción de razas, culturas, creencias, situación económica… porque todos somos imagen y semejanza de Dios y merecemos el mismo respeto.

*Todas las leyes son justas porque se establecen para mejorar el orden, la convivencia y el bienestar de todos.

*Los conflictos se resuelven con el diálogo. La búsqueda del bien común y el perdón.

*Nadie pasa necesidad ni se siente explotado y excluido porque nadie acumula con avaricia y egoísmo y hay un reparto justo de las riquezas y los bienes de la tierra.

*Todos se sienten aceptados como son. Las diferentes formas de ser y las distintas cualidades de cada uno, no son motivo de envidias y peleas porque puestas al servicio de los demás sirven para enriquecerse mutuamente.

         3.- Los discípulos le preguntaban a Jesús: Dónde está ese Reino? ¿Cuándo llegará? Y la respuesta de Jesús era: Está dentro de vosotros.

         Es nuestro corazón el que debe estar lleno del Amor y de la presencia de Dios; es el Señor quien debe ser el centro de nuestra vida, al que hemos de obedecer y con quien hemos de colaborar para que su Reino se vaya haciendo presente en toda la tierra.

         Sólo Jesús puede cambiar los corazones y darnos un corazón nuevo semejante al Suyo.

         4.- Eso es lo que nosotros creemos. Ese es nuestro compromiso de cristianos. En eso hemos de gastar y desgastar nuestra vida sin desanimarnos porque aunque parezca que es poco lo que podemos hacer, somos como el grano de mostaza que va creciendo poco a poco.

         Piamos al Señor que sea siempre el centro de nuestra vida y que no nos cansemos de colaborar en la construcción del Reino: Un reino de verdad y de vida; de amor, de libertad, de justicia y de paz.

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