DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO LITÚRGICO CICLO A
CRISTO REY
Domingo 26 de Noviembre de 2017
REFLEXIÓN
1.- Con la Fiesta de hoy terminamos el Año Litúrgico a lo largo del cual hemos ido recorriendo los momentos más importantes de la Historia de la Salvación que culmina con la proclamación de Jesús como Rey del Universo.
La Iglesia lo proclama así porque con su resurrección es el vencedor del pecado y de la muerte, es el Señor de la vida y es el Señor de todo y de todos.
Reconocerlo nosotros como Rey significa Amarlo como nuestro Dios, Servirle como Nuestro Señor y obedecerle como de quien hemos recibido todo lo que somos y tenemos.
Por eso cuando le preguntaban a Jesús dónde está ese Reino, su respuesta fue: “Está dentro de cada uno de vosotros”, Y nuestra responsabilidad es vivir como ciudadanos del Reino.
2.- Jesús pasó su vida predicando el Reino de Dios. Un Reino de Verdad, de Vida, de Justicia, de Amor y de Paz. Un Reino que tiene su origen en el cumplimiento de la Salvación que Dios prometió a los hombres después del primer pecado y que culminó con la muerte y resurrección de Jesús.
Un Reino que, al contrario de los reinos humanos, tiene una única Ley: El Amor. Un Reino en el que más manda es el que más sirve, en el que el más importante es el más pequeño, en el que las ofensas se resuelven con el perdón y la misericordia, en el que todos tenemos la misma dignidad porque somos imagen y semejanza de Dios, en el que el más amado es el más pobre, el más pequeño, el más olvidado.
3.-Y esto es precisamente lo que nos recuerda el Evangelio de hoy.
El mejor ciudadano del Reino no es el que más reza, ni el que es más piadoso, ni el que aparenta ser más interesado en cualquier actividad, sino el que más ama, el que más practica la justicia, aunque no lo parezca.
Al final de los tiempos, cuando el Señor nos pregunte lo que hemos hecho en nuestra vida como ciudadanos del Reino, nos llevaremos la sorpresa de que muchos de los que nos consideramos buenos cristianos el Señor nos dirá que no somos los mejores porque no hemos amado bastante, no nos hemos preocupado de verdad por los que más sufren y los más olvidados.
En este mundo nuestro tan desigual y tan violento es fácil comprobar que los más pobres, los que más sufren y los más olvidados, suelen ser los más generosos, los más bondadosos y los que más se preocupan de los demás, y precisamente por eso irán delante de nosotros en participar plenamente de la gloria del Padre porque son los que han amado más.
REFLEXIONEMOS UN MOMENTO
**Es Jesús nuestro Rey y Señor?
**Nos esforzamos en vivir como ciudadanos del Reino?
**Trabajamos por construir un mundo que sea lo más parecido al Reino de Dios?

