EL PADRE BUENO

DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO C

Domingo 31 de Marzo de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Aunque la conocemos y la recordamos como la parábola del hijo prodigo, sería mejor llamarla la parábola del Padre Bueno y Misericordioso.

          Fijándonos en el comportamiento de los dos hijos podemos reconocernos en cualquiera de ellos.

++Unas veces somos como el hijo menor: Nos consideramos dueños de todo lo que somos y tenemos, pero no nos damos cuenta de que todo lo hemos recibido de Dios como un regalo, como un gesto de amor generoso y desinteresado.

          Dios sólo quiere que seamos felices y desea que sepamos aprovechar y disfrutar cuanto pone en nuestras manos. Sin embargo, y con mucha frecuencia, malgastamos todo lo que nos da Dios y lo utilizamos para apartarnos de Él.

          Cuando caemos en la cuenta de lo malo de nuestro comportamiento, de que nuestras decisiones han sido equivocadas, nos remuerde la conciencia y nos sentimos desorientados y vacíos, tenemos necesidad de acercarnos a Dios reconociendo lo que hemos hechos mal, buscando su comprensión y su perdón.

          Incluso a veces nos preguntamos: ¿Dios me perdonará? Porque lo que hemos hecho está muy mal y le hemos defraudado.

++Otras veces somos como el hijo mayor: nos esforzamos en cumplir lo que consideramos nuestras obligaciones para que Dios no nos castigue y esté contento de nosotros.

          Nos sentimos orgullosos de nuestro buen comportamiento, nos permitimos juzgar y quizá condenar a los demás porque no son como nosotros, porque somos mejores, siempre hacemos las cosas bien.

          Así se va haciendo nuestro corazón duro y muchas veces no somos capaces de perdonar ni de alegrarnos de que los demás vayan cambiando y vayan mejorando.

Presumimos de que vamos acumulando méritos para ganarnos el cielo, y olvidamos que nunca somos tan buenos como para presentamos ante Dios presumiendo y exigiendo nuestros derechos.

2.- El comportamiento del padre hace que nos demos cuenta del comportamiento de Dios con nosotros:

Es un Padre Bueno y misericordioso que nos espera, que sale a nuestro encuentro, que no nos pide explicaciones, no nos juzga ni nos condena.

Sea cual sea nuestro comportamiento, siempre nos recuerda que somos sus hijos amados, que siempre nos perdona, que olvida nuestro pasado, que nos abraza con la ternura infinita de su corazón, que sólo desea que estemos junto a Él, que nos comportemos con todos como buenos hermanos y que seamos felices.

Es la alegría del perdón que tantas veces necesitamos.

3.- Terminando ya la Cuaresma conviene, si no lo hemos hecho ya, que nos acerquemos a recibir el perdón y el abrazo amoroso del Padre en el Sacramento de la Confesión.

Y también que tendamos puentes y hagamos un esfuerzo de reconciliación con aquellas personas que nos han ofendido y a las que nos cuesta perdonar. No tengamos un corazón duro.

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