EL DON DEL AMOR

DOMINGO DE PENTECOSTÉS CICLO C

Domingo 9 de Junio de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Hoy termina el tiempo de Pascua durante el cual hemos celebrado la Resurrección de Jesús, recordando sus distintas apariciones a los discípulos y los distintos regalos que les fue haciendo en cada una de ellas (la alegría, la paz, la esperanza…). Pero el regalo por excelencia que les hizo fue enviarles el Espíritu Santo.

          No es fácil hablar de Él y por eso hemos de fijarnos en cómo se nota y se manifiesta su presencia en el grupo de los discípulos y en las obras que se van realizando por su medio.

          2.- Creo que todos los dones y los frutos del Espíritu Santo se pueden resumir en uno solo: EL AMOR.  La falta de Amor es el motor de todos los males que hay en el corazón del hombre:

          El empeño de ser como Dios y estar por encima de los demás, el egoísmo, los enfrentamientos y divisiones, el rencor, el deseo de venganza, el negarse a perdonar y a pedir perdón, la oscuridad que lleva al hombre por caminos equivocados, la ceguera para no ver ni reconocer lo bueno y las cualidades de los demás….

Y así podríamos hacer una larga lista en la que se manifiesta la presencia del mal.

3.- Sólo el Amor es la fuerza que transforma el corazón del hombre. La Luz que permite encontrar el camino de la verdad sin miedo a equivocarnos, el agua que da vida y que produce frutos abundantes – diferentes en cada uno, como el agua que recibe cada ser vivo y que siendo la misma produce frutos diferentes – y que son para la propia perfección, para el bien y para el servicio de los demás.

El Amor que es la fuente de la armonía, de la unidad y la paz.

          4.- Cuando los discípulos recibieron el Espíritu Santo, experimentaron una transformación en su vida tan profunda y tan radical, que sólo pudieron expresarla comparándola con un terremoto, un viento recio, un fuego ardiente, que todo lo hace nuevo y llena a todos de alegría, de fortaleza y de entusiasmo, hasta tal punto que necesitaron salir a la calle, comunicarlo y contagiar a los demás

          5.- Necesitamos una nueva venida del Espíritu Santo.

          Nuestro mundo, nuestra Iglesia, cada uno de nosotros, necesitamos una profunda transformación.

Necesitamos que el Espíritu transforme desde lo más hondo nuestro corazón y nuestras vidas para que entre todos construyamos un mundo que sea el Reino del que Jesús hablaba. Necesitamos que nuestro mundo cambie y sea el mudo que Dios soñó cuando lo creó.

Necesitamos que la Iglesia sea la Gran Familia de los Hijos de Dios, unidos por los lazos potentes de la Fe y el Amor, y así, a los ojos del mundo, sea el signo visible de la nueva humanidad que nace de la fe en Jesús resucitado. Necesitamos una Iglesia limpia, luminosa, transparente, anuncio creíble de que todas las promesas de Jesús se cumplen.

Necesitamos que cada uno de nosotros seamos hombres nuevos que con nuestra vida y nuestras obras reflejemos el rostro amoroso de Dios.

6.- Supliquemos al Señor que nos envíe su Espíritu, empezando por cada uno de nosotros, para que se produzca en el mundo y en la Iglesia la revolución del Amor que es la transformación que todos necesitamos.

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