EL DIOS DE LA VIDA

DOMINGO  XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 6 de Noviembre de 2016

REFLEXIÓN

Me llama especialmente la atención la última afirmación de este pasaje del Evangelio: “Nuestro Dios no es un Dios de muertos sino de vivos, porque para El todos están vivos”

1.- Si Dios es un Dios de vivos, nuestra vida es un regalo de Dios. Un reglo único y exclusivo que hemos recibido para disfrutarlo y aprovecharlo, para desarrollar todas las cualidades que tenemos, para poner al servicio de los demás todo lo que somos y así contribuir al bienestar y a la felicidad de los demás.

No podemos ni tenemos derecho a decir que la vida es mía y hago con ella lo que quiero, como tampoco soy el dueño de la vida de los demás ni tengo derecho a decidir sobre ella. No puedo atentar contra mi salud cometiendo toda clase de excesos; no puedo ser agresivo ni violento, ni malgastar las cualidades que me han sido dadas, ni destrozar todo lo que he recibido; no puedo atentar contra mi dignidad ni contra la dignidad de los demás.

Mi obligación es administrar la vida responsablemente y ser feliz, y respetar y cuidar la vida de los demás.

2.- Cuando fuimos bautizados recibimos la misma vida de Dios y también es nuestra obligación cuidar con responsabilidad la imagen de Dios que hay en nosotros de modo que con nuestras palabras, nuestros sentimientos, nuestros deseos y nuestras obras seamos una manifestación del rostro de Dios que es un Padre amoroso.

No podemos ni debemos ofrecer una imagen de Dios distorsionada, borrosa y confusa hasta el punto que sirva más para alejar de Dios que para acercarse a Él. Cada uno hemos de ser un lugar de encuentro entre los hombres y Dios, de modo que quienes nos ven se sientan atraídos a vivir como vivimos por nuestra capacidad de amar y sonreír.

3.- Todo lo que nos rodea es una manifestación del Dios de la vida que debe al contemplarlo suscitar en nosotros el deseo de alabar, bendecir y glorificar a Dios como lo hizo S. Francisco de Asís.

Tampoco debemos comportarnos como dueños de todo lo creado. Dios puso en manos del hombre la creación para que la cuidara y la hiciera producir. Por eso no tenemos derecho a destruir y explotar la creación en beneficio propio con una actitud egoísta e irresponsable sin tener en cuenta a quienes no pueden acceder y beneficiarse de los bienes de la tierra para su sustento y desarrollo por falta de medios.

4.- Creemos en el Dios de la Vida.

Cuidemos, protejamos y defendamos la vida de todo y de todos, especialmente de los seres más indefensos.

Que esta Eucaristía sea un canto de alabanza y acción de gracias a Dios por el enorme regalo de la vida y una oración y súplica por todos los que sufren porque su vida está amenazada y rota por la maldad que hay en el corazón de muchos hombres.

Scroll al inicio