DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 8 de Julio de 2018
REFLEXIÓN
1.- El Señor nos envía a todos nosotros, especialmente a los sacerdotes, catequistas, animadores de las comunidades y grupos cristianos, como a Ezequiel, para hablar en su nombre del Amor misericordioso de Dios, de su preocupación por todos los hombres, para que todos conozcan que hay un único Dios y de que sus enviados tienen toda su autoridad.
2.- La experiencia de quienes hemos de hablar de Dios y en nombre de Dios, es que, con mucha frecuencia, sufrimos el rechazo, el desinterés, el ser cuestionados no sólo por nuestras palabras y enseñanzas sino también por nuestras obras y comportamientos.
¡Cuántas veces el mensaje de Jesús es rechazado y cuestionado diciendo que no es actual, que no se puede poner en práctica, que no conecta con la mentalidad moderna! ¡Cuántas veces es rechazado porque es una denuncia de comportamientos y valores contrarios no sólo al Evangelio sino también a la dignidad de las personas y al bienestar de la sociedad!
¡Cuántas veces el rechazo se manifiesta en un ataque personal!: ¿quién se ha creído qué es? ¿con qué derecho pide que se respete la vida y la dignidad de las personas? ¿por qué no es él quien abre su casa y acoge a todos los marginados y excluidos?
A Jesús le sorprendió el desprecio del que fue objeto por parte de sus vecinos, de aquellos que le conocían de toda la vida y sabían de su honestidad y de la verdad con que hablaba y actuaba. Les resultaba difícil reconocer en Él el reflejo amoroso del rostro de Dios.
Pero hemos de recordar que nos dice como a Ezequiel: Te envío a un pueblo duro de mollera, rebelde y obstinado que no aceptarán tus palabras. Pero todos sabrán que hablas en nombre de Dios y que no quisieron escuchar. Y esas palabras del Señor deben darnos fuerzas.
3.- Cuando nos miramos en nuestro propio espejo nos damos cuenta de que en ocasiones nuestra vida no es ejemplar, de que no hacemos el bien que nos gustaría hacer a causa de nuestros defectos y debilidades. Nos damos cuenta de que el rechazo y la crítica nos desanima, nos pone ante la tentación de tirar la toalla, de no seguir con nuestra misión.
Es entonces cuando le pedimos al Señor que nos libere de esa responsabilidad, que no nos haga sufrir tanto rechazo, crítica y desprecio. Pero el Señor nos responde como a S. Pablo: Te basta mi gracia. Mi fuerza se manifiesta en la debilidad. Nos pide el Señor que confiemos en Él.
En nuestro mundo, como ocurría en tiempo de Jesús, no es fácil anunciar el mensaje del Evangelio porque es ir contracorriente; pero no podemos olvidar que esa es la misión que nos encarga Jesús a todos los que nos reconocemos como sus discípulos: “Id y anunciad el Evangelio a todas las gentes. Haced discípulos míos en todos los pueblos”.
REFLEXIONEMOS en un momento d silencio:
++ ¿Con cuanta frecuencia, conociendo el mensaje de Jesús, no lo ponemos en práctica?
++ ¿Cuántas veces no nos atrevemos a hablar de Jesús por miedo al rechazo y a la crítica?

