DIOS PARA MI

FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD CICLO A

Domingo 11 de Junio de 2017

REFELXIÓN

         La fiesta de hoy nos invita a introducirnos en el misterio de Dios, en su pensamiento, en su vida.

         Con frecuencia nos quedamos en el misterio del Dios Trinidad, que no entendemos y que por eso es un misterio. Pero necesitamos preguntarnos quién es Dios para nosotros, en qué Dios creemos.

         Dos afirmaciones del pasaje del Evangelio de hoy nos pueden ayudar:

1/”Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo no para condenar…”

Dios no es, como hemos escuchado y como ppensamos a veces, un Dios pendiente de nuestras equivocaciones y pecados, siempre dispuesto a juzgarnos, condenarnos y castigarnos.

         Un Dios así nos hace vivir con miedo, con una conciencia llena de escrúpulos, con una preocupación excesiva por la perfección en lo que hacemos y una angustia constante de lo que hará o pensará de nosotros.

Nos preocupamos por cumplir perfectamente lo que llamamos nuestras obligaciones, pero lo hacemos sin corazón y sin alegría, hasta el punto de llegar a decir cuando nos encontramos en una situación difícil: ¡¡Qué he hecho yo para que Dios me mande esto, o me castigue con esto!! Ese no es el Dios de Jesús.

2/Sigue diciendo el Evangelio: “No ha venido para condenar al mundo sino para que el mundo se salve”

El Apóstol S. Juan afirma: Dios es Amor. Es un amor total, sin límites, exclusivo; un amor que se entrega hasta la muerte para salvarnos.

O como hemos escuchado en la 1ª lectura del libro del Éxodo, diciendo Dios de sí mismo a  Moisés: “Dios misericordioso y benévolo”. Por eso podemos decir que el nombre de Dios es Misericordia. Siempre dispuesto a amarnos tal como somos, aceptando nuestras limitaciones, imperfecciones, errores, debilidades; las conoce porque nos ha creado Él.

Es un Dios siempre cercano a quien más lo necesita, especialmente a  los más débiles, los más pobres, los más excluidos porque son los que más necesitan ser amados.

Un Dios siempre dispuesto a abrazar sin juzgar y sin pedir explicaciones a quien vuelve a Él. Tan sólo dice con emoción: ¡Qué bueno que viniste!

Siempre dispuesto a dar una nueva oportunidad: “Anda. No peques más”.

3/No podemos olvidar que nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza suya. Reflejamos y transmitimos a los demás la imagen del Dios en quien creemos. Por eso nos debemos preguntar si nos comportamos como El.

*¿Juzgamos?¿Condenamos?¿Rechazamos? Es lo que Dios no quiere.

*¿Perdonamos?¿Tenemos un corazón misericordioso?¿Ofrecemos nuevas oportunidades a quienes nos ofenden? Es lo que Dios hace con nosotros.

         Pensemos un momento en la imagen de Dios que tenemos para darnos cuenta qué debemos cambiar, corregir y mejorar en nuestra manera de ser y de actuar.

Scroll al inicio