DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 23 de Agosto de 2015
REFLEXIÓN
1.- “Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso?”
Esa es la expresión que utilizaron muchos de sus discípulos cuando le oyeron hablar de comer su cuerpo y su sangre, unido a las exigencias de vivir y comportarse de otra manera en relación a Dios y a los demás. Y a partir de entonces muchos dejaron de ir con El.
Es fácil darnos cuenta de que esa expresión también es utilizada por muchos cristianos. ¿Quién puede poner en práctica el mensaje de Jesús y sus exigencias? Hoy son otros tiempos, no se puede vivir así.
Y Jesús sabe, como entonces, que también nosotros le criticamos.
2.- Es cierto que poner en práctica el mensaje de Jesús nos obliga a salir de nosotros mismos, a dejar a un lado nuestros criterios y opiniones, a plantearnos la vida de otra manera en todos los aspectos; plantearnos otros objetivos y otras metas. O como dice S. Pablo: Abandonar el hombre viejo y vestirnos del hombre nuevo.
Esto no es fácil, pero Jesús nos recuerda que sólo sus palabras son Palabras de Vida; que sólo el Padre es quien nos lleva hacia El y que sólo con la fuerza del Espíritu podemos hacer las cosas como El nos propone.
3.- Con toda seguridad Jesús se sintió triste y decepcionado ante el abandono de tantos seguidores. Por eso les dijo a los doce: “¿También vosotros os queréis marchar?”
Pedro le contestó: “¿Señor a quien vamos a ir? Tu sólo tienes Palabras de Vida Eterna”
Ante el abandono y el alejamiento de tantos cristianos que se deciden por caminos y proyectos más cómodos buscando ser felices de otra manera, aunque no lo consiguen, también Jesús se siente triste y decepcionado, nos mira con tristeza y nos pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?
Pedro le contestó sin dudar, ¿A dónde vamos a ir? Sólo en Ti encontramos lo que andamos buscando.
¿Qué contestamos nosotros?
¿Cuántas veces nos hemos alejado de El
¿Cuántas veces hemos hecho el intento de escaparnos?
¿Cuál es la firmeza de nuestra fe?
Cada uno sabemos qué lugar ocupa Jesús en nuestra vida y en nuestro corazón. Y sólo cada uno sabemos lo que estamos dispuestos a contestar.
No le defraudemos. No le pongamos triste. No nos engañemos a nosotros mismos porque sólo Él tiene palabras de vida eterna.

