DECEPCIÓN

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 8 de Octubre de 2017

REFLEXIÓN

         La parábola que hoy narra Jesús es una prolongación del Canto de Amor a la viña que hemos escuchado en la primera lectura y estaba dirigida no sólo a quienes le estaban escuchando, sino también a nosotros.

         1.- Podemos pensar que la Viña somos cada uno de nosotros; todo lo que somos y tenemos lo ha puesto el Señor en nuestras manos con un enorme cariño. No ha regateado nada. Nos ha llenado de cualidades, de bienes materiales y espirituales con gran mimo y cuidado para que los disfrutemos, los aprovechemos y hagamos que den mucho fruto para nuestro bien y el de los demás.

         Cuando El ve lo que hemos hecho con ellos, siente una gran decepción. Ha puesto en nosotros toda su confianza y le hemos traicionado. En lugar de amor, misericordia, justicia, paz… hemos dado frutos amargos; hemos llenado el  mundo de maldad, venganza, violencia, resentimiento, injusticia… Nos hemos considerado dioses y hemos destruido el Reino que nos ha encomendado cuidar y construir.

         ¡Cuántos cuidados, cuántos bienes, cuantos mimos de Dios desaprovechados y tirados como si fueran cosas inútiles!

 

         2.- Al igual que los empleados de la parábola, muchas veces hacemos las cosas motivados y empujados por nuestras ambiciones, nuestra avaricia, nuestra codicia… y provocamos situaciones de enfrentamiento y de gran violencia porque en nuestra mente y nuestro corazón está la palabra YO y solamente YO. Rompemos la convivencia y rompemos la paz.

         No importa nada, no importan los demás, no importa Dios.

 

         3.- Cuando nos comportamos con esa irresponsabilidad, destrozamos y destruimos todo cuanto cae en nuestras manos: Nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro grupo de amigos, nuestra parroquia…

         Todo está infectado y manchado por nuestra avaricia y nuestra codicia, nuestro empeño de mantener el YO por encima de todo y de todos, y sobre todo por la falta de bondad de  nuestro corazón.

  1. Juan de Ávila en uno de sus escritos dice: “La alegría de Dios son los hombres”. Y yo a veces pienso: ¡Pobre Dios! ¡Está apañado con nosotros!

 

REFLEXIONEMOS UN MOMENTO:

**¿Defraudamos a Dios? ¿Traicionamos su confianza? ¿Qué cosas destrozamos con nuestro comportamiento?

**Demos también gracias al Señor por todos los bienes que nos ha dado y pidámosle que sepamos aprovecharlos para nuestro ben y el bien de los demás.

        

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