VIERNES SANTO CICLO B
Viernes 30 de Marzo de 2018
REFLEXIÓN
1.- En la celebración de hoy debemos, sobre todo, contemplar a Jesús crucificado.
Nuestros ojos encuentran un hombre machacado, masacrado, humillado, a quien han escupido, azotado, objeto de toda clase de burlas y desprecios.
Le han dejado desnudo, le han despojado de todo incluso de su dignidad.
Lo han dejado solo, todos han huido y le han abandonado. Y El siente la angustia de su radical soledad, incluso de Dios, manifestada en ese grito estremecedor: ¡¡Padre, Por qué me has abandonado!!
2.- Mirándole vemos también a todos los crucificados de este mundo, machacados y masacrados, por una violencia gratuita y sin sentido, humillados, despreciados, maltratados, por la ambición, la codicia, la mentira, el vicio. Se les ha robado todo y despojado de todo incluso de su dignidad. Se les ha dejado desnudos a la vista de todos. Y que también nos señalan con su dedo acusador y nos gritan: ¡¡Por qué nos habéis abandonado!! Y tú, ¡¡¿por qué me has abandonado?!!
Y sentirnos acusados y avergonzados porque, de alguna manera, también somos responsables de tanto sufrimiento, de tanta marginación, de tanta humillación, de tanta soledad.
3.- Contemplando a Jesús crucificado como un malhechor peligroso, junto a otros delincuentes, también podemos ver y escuchar la explosión de Amor más grande jamás imaginada: ¡Padre, perdónalos! ¡No saben lo que hacen! ¡No pierdas la esperanza! ¡Hoy estarás conmigo en el Paraíso!
Podemos sentirnos amados y perdonados por un Dios que nos dice: No sabes la gravedad de lo que haces, no sabes cuántas veces estoy dispuesto a perdonarte.
4.- No dejemos de contemplar la cruz. No dejemos de reflexionar sobre lo injustos que somos olvidando y despreciando tantas muestras de amor de Dios hacia nosotros. No dejemos de reflexionar sobre el daño que hacemos a los demás, sobre lo poco que amamos de verdad.
Y al sabernos amados con un amor infinito, sintamos la necesidad de amar, perdonar y pedir perdón.
Escuchemos la voz de Jesús crucificado que nos grita al corazón y remueve nuestras entrañas:
¡No sabéis lo que hacéis! ¡Por qué me habéis abandonado!
¡Os amo! ¡Os perdono!

