DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 3 de Marzo de 2019
REFLEXIÓN
1.- Tenemos la tendencia de fijarnos en las cosas que no nos gustan o nos parecen mal de los demás y decir en voz alta nuestra opinión. Por eso caemos con facilidad en la maledicencia, la crítica, el juicio precipitado, la calumnia…
Jesús nos hace caer en la cuenta de que es necesario que nos preguntemos por qué actuamos así y de ese modo descubrir cuáles son las raíces de nuestro comportamiento.
Nos daremos cuenta de que:
++Somos orgullosos, soberbios, engreídos. Creemos que somos santos, que somos mejores que los demás, que no hacemos nada mal.
++Tenemos envidia, celos, y pensamos por qué no me han tenido en cuenta, por qué no me han dado ese cargo, por qué han preferido a otro si soy mejor, si estoy más preparado…
++Tenemos malos sentimientos, intenciones sucias y retorcidas, no somos transparentes ni limpios de corazón…
++Somos egoístas, avariciosos, queremos siempre lo mejor para nosotros…
2.- Necesitamos ser valientes y hacer una sincera autocrítica, que es también un ejercicio de humildad, para darnos cuenta de que se cumple en nosotros lo que dice Jesús: “De lo que rebosa el corazón habla la boca”.
Queriendo o sin querer, nos hacemos daño a nosotros mismos porque se corroe nuestro interior y vivimos con amargura y tristeza, y hacemos daño a los demás.
Con las críticas y las difamaciones (a veces decimos: ¡¡para que todos se enteren!!) conseguimos que otros piensen de los demás lo que hemos publicado, aunque no sea cierto, y lleven una etiqueta que marcará y condicionará toda su vida.
3.- Deseamos y necesitamos que sean comprensivos con nosotros, que disculpen nuestros errores, defectos y equivocaciones, que perdonen nuestras ofensas, para no tener que cargar siempre con mochilas que no nos corresponden o que son demasiado pesadas.
Pero fácilmente nos olvidamos de que eso mismo es lo que desean y necesitan de los demás. Sólo cuando cada día revisamos nuestro comportamiento reconocemos lo que hemos hecho mal y pedimos perdón y ayuda al Señor, es cuando estaremos en condiciones de frenar nuestra lengua, disculpar lo errores de los demás, y fijarnos en lo bueno que han hecho.
4.- Pidamos hoy al Señor que nos ilumine y nos haga valientes para reconocer nuestra fragilidad y reconocer y valorar lo bueno que hay en los demás.

