DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 2 de Octubre de 2016
REFLEXIÓN
1.- El Evangelio de hoy nos propone dos reflexiones distintas. La primera de ellas es sobre la Fe.
A veces, como los discípulos, nos dirigimos al Señor diciéndole: ¡Señor, auméntanos la Fe! Cuando hacemos esa súplica, ¿sabemos lo que pedimos? ¿Sabemos que es la Fe?
Se puede explicar de distintas maneras, pero a mí me gusta decir que la Fe es la respuesta que le damos al Señor cuando Él nos dice: “Yo te quiero. Soy tu amigo. ¿Tú me quieres? ¿Quieres ser mi amigo?” La Fe es decirle que SI con todo lo que eso implica.
*Amarle con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser. Amarle sobre todo y sobre todos. Confiar ciegamente en El con la total seguridad de que nos quiere siempre, no nos abandona nunca, no se enfada con nosotros nunca y siempre está dispuesto a perdonarnos aunque hagamos las cosas mal.
*Es querer ser como Él es en todo momento y en todas las circunstancias de nuestra vida. Y para eso hemos de esforzamos en conocerle cada vez más.
*Es formar parte el grupo de sus amigos, de su familia, ya que nos regaló su vida cuando recibimos el Bautismo.
Y cuando aceptamos ser amigos de Jesús de verdad, nos comprometemos a cuidar esa amistad teniendo tiempo para escucharle, para hablar con Él, para celebrar con alegría la fiesta de nuestra amistad en los Sacramentos.
Por eso nos hemos de preguntar: ¿tenemos fe de verdad? Cuando Jesús nos pregunta si queremos ser sus amigos ¿le contestamos con sinceridad y dispuestos a esforzarnos a serlo cada día?
2.- La segunda reflexión es sobre la gratuidad. En nuestra sociedad todo tiene un precio. Todo se compra y se vende, incluso la amistad. A veces pensamos que también el Amor de Dios podemos comprarlo con promesas, donativos… Sin embargo no nos damos cuenta de que mucho de lo que somos y tenemos lo hemos recibido gratis y que además el Señor nos ama sin pedir nada a cambio. Sólo desea que amemos a los demás como Él nos ama.
¿Podemos exigir una paga, una recompensa porque hemos hecho lo que nos pide? ¿Podemos decirle al Señor que tenemos nuestros derechos por lo que hemos hecho bien?
Debemos ser como el siervo de la parábola y decir: “Somos unos pobres siervos, sólo hemos ofrecido nuestra pobre ayuda… Hemos hecho lo que tenemos que hacer y nuestro premio es saber que el Señor está contento porque le hemos ayudado a construir el Reino.
Pidámosle con insistencia que aumente nuestra fe y que nos enseñe a ser generosos y agradecidos.

