CORPUS

FIESTA DEL CORPUS CICLO B

Domingo 3 de Junio de 2018

REFLEXIÓN

          1.- La Cena de la Pascua es para los judíos una solemne celebración en honor de Dios, recordando y reviviendo la liberación de la esclavitud de Egipto.

          Jesús les envía a prepararla cuidadosamente, tal como había que hacer, y todos tenían la buena disposición y la alegría de celebrarla como una gran fiesta.

          En el momento del brindis Jesús les sorprende con un gesto muy especial: Comed, esto es mi cuerpo. Bebed este vino es mi sangre. Con este gesto les hace saber que ha decidido quedarse siempre con nosotros hecho pan y vino.

 

          2.- Así debería ser para nosotros cada celebración de la Eucaristía:

**Una gran fiesta en honor del Señor porque nos ha liberado de la esclavitud del pecado, nos ha salvado de sus ataduras, y que nosotros preparamos cuidadosamente tanto externa como internamente.

**Con el corazón limpio, las lecturas leídas previamente para aprovecharlas mejor, con el deseo de encontrarnos con Jesús, de alimentarnos de su pan para hacernos una misma cosa con Él, de modo que se fortalezca nuestra fe, sea más auténtica nuestra amistad con Él, y nuestra vida se vaya transformando hasta el punto de que nuestras palabras y nuestras obras sean como las suyas y así se haga cercano a todos a través de nosotros porque nos hemos convertido en Jesús.

**Con bastante frecuencia para nosotros no es así. Venimos por obligación, participamos de forma rutinaria y sin la predisposición ni la alegría de venir a una gran fiesta.

          No nos damos cuenta de que quiere estar íntimamente unido a nosotros para que nos transformemos en Él, y nos olvidamos que cuando recibimos su pan Él vive en nosotros.

 

          3.- Celebrar y participar en la Eucaristía nos compromete a pensar como Él piensa y a vivir y comportarnos como Él vivió.

          Nos compromete a vivir unidos en el Amor, a amarnos los unos a los otros como Él lo hizo y lo hace constantemente. Y preocuparnos especialmente de los que más necesitan ser amados, los que se sienten excluidos, de los que su vida transcurre en el abandono y la soledad.

          A ser y comportarnos siempre como una Gran Familia.

 

          4.- Agradezcamos a Jesús el enorme regalo de quedarse siempre con nosotros en la Eucaristía y siempre lo encontramos en el Sagrario. No le dejemos solo y abandonado, olvidándonos de Él. Acudamos a Él cuando necesitamos su abrazo amoroso y reconfortante. Y recordemos constantemente su promesa: No os dejaré solos. Estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos.

 

EN UN MOMENTO DE SILENCIO

**Preparemos nuestro corazón para celebrar esta Eucaristía como una gran fiesta y vivirla como una enorme acción de gracias.

Scroll al inicio