DOMINGO V DE CUARESMA CICLO C
Domingo 7 de Abril de 2019
REFLEXIÓN
1.- En grupo porque son cobardes y solos no se atreven. A gritos porque son violentos y agresivos. Acusan, juzgan, condenan y están dispuestos a ejecutar su codena por un solo pecado que, según la Ley, merece pena de muerte. Su corazón es duro, quizá más duro que las piedras que están dispuestos a utilizar.
Jesús, después de un largo silencio, les hace reflexionar: El que no tenga pecado y tenga limpio el corazón, que eche la primera piedra.
Pone a cada uno en su sitio, delata su hipocresía y su comportamiento deleznable, y todos, empezando por los más viejos (cuanto más viejos más tiempo han tenido de acumular maldades en su corazón), y avergonzados se van marchando.
2.- Allí queda la mujer sola, abandonada, humillada, despreciada, juzgada y condenada por una vida que no puede ocultar porque es pública y por todos conocida. Es tanta su humillación y se siente tan despreciada que no tiene fuerzas para levantarse.
Con el corazón encogido espera que Jesús hable después de ese largo silencio.
3.- Jesús, como siempre y como sólo Él sabe hacer, la mira con ojos y corazón de misericordia. ¿Nadie te ha condenado? ¿Nadie se ha atrevido a cumplir su condena? Yo tampoco te condeno. Anda, levántate, pero no peques más.
Jesús llena su corazón de paz, le hace recuperar su dignidad, le ofrece una nueva oportunidad, le abre un camino nuevo lleno de esperanza, de alegría. Puede comenzar una nueva vida completamente renovada.
4.- ¿Y nosotros?
++Unas veces somos acusadores, con un corazón duro y sin misericordia, dispuestos a condenar y a cumplir nuestra sentencia. Somos, como los del evangelio, hipócritas y cobardes porque actuamos a escondidas y a las espaldas. Nos creemos mejores que los demás a pesar de nuestro corazón sucio y empecatado.
Jesús pone ante nosotros un espejo para que nos miremos y reconozcamos nuestra miseria y nuestra falsedad. Nos pone en nuestro sitio.
++Otras veces somos nosotros quienes nos sentimos humillados, juzgados, maltratados, condenados, excluidos, arrinconados… sin fuerzas para levantarnos y volver a comenzar porque nos sentimos profundamente hundidos y solos. No merecemos ningún respeto. Hemos perdido nuestra dignidad.
Sólo Jesús nos perdona todo y para siempre, nos levanta de nuestro hundimiento y nos hace recuperar nuestra dignidad de personas y de hijos de Dios, nos da una nueva oportunidad y abre ante nosotros un camino nuevo que podemos recorrer con alegría y esperanza, sin necesidad de mirar al pasado porque ya hemos sido perdonados.
Ese es el fruto de la Cuaresma y de la Resurrección: Ser hombres nuevos y resucitados.
5.- ¿Con quién nos sentimos identificados? ¿Con los acusadores? ¿Con la mujer? ¿Nos sentimos perdonados? ¿Hemos aprovechado la Cuaresma para acercarnos a participar de la Vida Nueva de Jesús resucitado? ¿Estamos dispuestos a comportarnos como Jesús?

