CIZAÑA

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Domingo 19 de Julio de 2020

REFLEXIÓN

          1.- Cuando Jesús contó la parábola de la cizaña estaba pensando en Él y en nosotros.

++ Pensaba en Él porque comprobaba constantemente que, a pesar de sus palabras, su llamada a la conversión y de sus obras que eran claras manifestaciones del Amor y la Salvación que venía a ofrecer, seguía presente y creciendo en su entorno el mal, el rechazo de Dios, la soberbia y el egoísmo.

++ Su actitud fue de aceptación de esa doble presencia del bien y del mal, de paciencia, y comprensión, de constancia en seguir sembrando la Buena Semilla de la Palabra de Dios y los gestos y acciones de Amor y salvación, con la seguridad de que el bien siempre terminará venciendo el mal.

++ Pensaba en nosotros porque sabe que en nuestro corazón están presentes lo bueno y lo malo. Junto a deseos y propósitos de hacer el bien y de ser buenos crecen los malos hábitos, malos deseos, los malos sentimientos, las malas intenciones, el egoísmo, el orgullo, el rechazo de Dios.

          Junto a ir sembrando la buena semilla con nuestra palabra y nuestras buenas acciones, también sembramos mala semilla: violencia, división, envidias, rechazos, injusticias, humillaciones, desprecios, enfrentamientos, sufrimientos.

          Sembramos la buena semilla y sembramos cizaña.  

++ Nuestra reacción ante el mal no es como la de Jesús. No somos pacientes, deseamos arrancar de raíz todo lo que consideramos malo y hacer desaparecer a los sembradores del mal sin dar la oportunidad de cambiar, de crecer, de mejorar.

Nos creemos con derecho a juzgar sin misericordia, olvidando que hay mucha cizaña sembrada por nosotros.

 

          2.- En su 2ª Carta, S. Pedro nos dice a los cristianos: “La paciencia de Dios es vuestra salvación”.

          A prendamos a tener paciencia con nosotros mismos aprovechando todo lo bueno y todas las oportunidades que encontramos en el camino de nuestro vivir cotidiano para ir haciendo posible que vaya creciendo el bien en nosotros y vaya desapareciendo tanta cizaña que nos hace daño, que nos impide vivir con alegría y esperanza porque dificulta la presencia de Dios en nuestro corazón.

          Aprendamos también a evitar ser sembradores de cizaña. No alimentemos el odio, el rencor, las divisiones y enfrentamientos, la maledicencia y la difamación. No consintamos, como si no tuviera importancia, que en nuestro entorno estén presentes palabras, actitudes y comportamientos que impiden o anulan la presencia de Dios y de su Amor.

          Demos gracias al Señor por la paciencia que tiene con nosotros y por el montón de nuevas oportunidades que pone en nuestro camino para cambiar y mejorar.

Aprendamos también a tener paciencia y dar siempre nuevas oportunidades a los demás como el Señor hace con nosotros.

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