CIEGOS

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 25 de octubre de 2015
REFLEXIÓN
 
         1.- En este pasaje del Evangelio hay tres personajes en los que podemos fijar la atención:
A/ El ciego Bar-Timeo que pide limosna porque es lo único que puede hacer para tener algún dinero, que oye el alboroto y pregunta qué ocurre y que cuando le dicen que es Jesús comienza a gritar pidiendo a Jesús que tenga compasión de  él.
B/ La gente que le dice que se calle y no moleste.
C/ Jesús que escucha, le llama, le pregunta qué quiere que haga y que accede a su petición.
         * El comportamiento del ciego manifiesta la confianza que tiene en Jesús, su constancia en la petición y la humildad con que pide luz.
         * El comportamiento de la gente que  se convierte en un obstáculo para que el ciego se acerque a Jesús y que también le ayuda  a llegar hasta Él.
         * Y Jesús que muestra todo el amor de Dios hacia los hombres dejando que sus entrañas de misericordia llenen de luz y de vida a aquel pobre ciego marginado y excluido de la sociedad.
 
         2.- Aunque no nos damos cuenta, también nosotros somos ciegos:
A/ Ciegos para ver nuestros pecados, nuestras equivocaciones, limitaciones, errores.
B/ Ciegos para darnos cuenta del sufrimiento de los demás, del daño que podemos hacer con nuestras palabras y comportamientos. Ciegos para ver a los excluidos, a los que viven en la soledad y el abandono.
         Par darnos cuenta de que muchas veces somos un obstáculo  para que quienes suplican compasión sean tratados con respeto, con cercanía. San tratados como personas, puedan saberse amados y puedan acercarse a Jesús.
C/ Ciegos para ver a Jesús que nos acompaña, que camina a nuestro lado, que nos ama, que nos perdona, que nos ayuda… Que nos dice que es nuestro amigo y nos pregunta si queremos ser amigos suyos y qué necesitamos de Él.
 
         3.- Necesitamos que el Señor nos cure de nuestra ceguera para ver tantas cosas que no vemos y cambie nuestro corazón para poder amar a los demás de la misma manera que Él nos ama.
         Hemos de acercarnos al Señor con humildad y confianza y decirle como el ciego: ¡Señor, que pueda ver! ¡Señor, ten misericordia de mi!
         Que esa sea nuestra oración hoy y todos los días.

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