CIEGOS

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

Domingo 28 de Octubre de 2018

REFLEXIÓN

          1.- El pasaje del evangelio de hoy puede ayudarnos a descubrir muchas situaciones de nuestra vida.

          No nos damos cuenta, pero somos ciegos:

++Somos ciegos, estamos envueltos de oscuridad, para vernos a nosotros mismos y darnos cuenta de nuestros defectos y debilidades, de nuestros pecados y equivocaciones, del mal camino que llevamos en nuestra vida…

++Ciegos también para ver nuestras cualidades y no aprovecharlas ni desarrollarlas como deberíamos.

++Ciegos para darnos cuenta del daño que hacemos a los demás, porque sólo vemos sus defectos y equivocaciones dedicándonos a publicarlos, a criticar, a crear mal ambiente, a poner etiquetas difamatorias que muchas veces no son ciertas.

++Ciegos porque no vemos sus cualidades, no las valoramos ni nos enriquecemos con lo que los demás nos pueden aportar.

++Ciegos para no ver el sufrimiento de los que nos rodean, de los que son excluidos y rechazados, de los enfermos, los ancianos que viven solos, los que no tienen trabajo, los que se sienten abandonados, los esclavos de sus vicios…

 

          2.- Necesitamos ante todo reconocer nuestras cegueras. Si no tenemos humildad suficiente para aceptarlas, nuestro egoísmo y nuestro orgullo no nos dejará pedir ayuda.

          Como el ciego Bartimeo hemos de aprender a estar con las manos tendidas pidiendo ayuda a cualquiera que nos pueda echar una mano para salir de esa situación, pero sobre todo para gritarle a Jesús que tenga misericordia de nosotros, porque sólo Él puede llenar nuestra vida de luz.

          Siempre que le gritamos suplicando que tenga misericordia de nosotros, se para, nos escucha y nos pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Con total confianza digámosle: “Señor que vea”!! o que vuelva a ver, si es que yo mismo me he dejado envolver por la oscuridad del egoísmo, del orgullo, y me he dejado arrastrar por mis debilidades.

          ¡Cuántas veces andamos por la vida dando tumbos y desorientados a causa de nuestras cegueras y nuestra falta de humildad!

 

APROVECHEMOS LA EUCARISTÍA DE HOY para reconocer nuestras cegueras con humildad, y pedirle con confianza: ¡Señor, que vea!

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