Celebración de la fiesta de la Candelaria 2026

El pasado lunes 2 de febrero, celebramos la fiesta de la Candelaria, una de las celebraciones más entrañables del calendario litúrgico. 40 días después de la navidad, conmemoramos la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de su madre, María, un rito prescrito por la Ley de Moisés, al que la Virgen se somete como signo de obediencia a los mandatos de Dios.

«Así que se cumplieron los días de la purificación, conforme a la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, según está escrito en la ley del Señor que «todo varón primogénito sea consagrado al Señor,» y para ofrecer en sacrificio, según la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones… (Lucas 2, 22-40)

Comenzamos con una procesión sencilla, en la que se bendijeron las candelas frente a las puertas del templo, y los fieles entraron en él en procesión cantando y portando velas encendidas, signo visible de la fe compartida y de la alegría de reunirnos como comunidad.

Esta celebración pone en el centro un símbolo fundamental de la fe cristiana: la luz. Las velas encendidas recuerdan a Cristo como Luz del mundo, aquel que ilumina la vida de los hombres, disipa las tinieblas y orienta nuestro caminar.  Al avanzar juntos con la luz en las manos, expresamos también nuestro deseo de acoger a Cristo en el corazón y de reflejar su luz en la vida cotidiana.

La Candelaria nos invita a renovar la esperanza, a dejarnos iluminar por el Señor y a ser, cada uno desde su realidad, portadores de luz para los demás.

Al finalizar la Eucaristía, tuvo lugar la presentación de los niños ante la Virgen María. Los más pequeños fueron acercados a su imagen para ser puestos bajo su protección maternal, confiando a María su crecimiento humano y espiritual.

Fue una celebración sencilla, que nos ayudó a comenzar el mes recordando que la fe se vive y se transmite, muchas veces, en los gestos pequeños… como una vela encendida que alumbra en la oscuridad.

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