CANÁ

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 20 de Enero de 2019

REFLEXIÓN

          1.- Solemos pensar que si Jesús se hace presente nuestra vida ha de ser en una situación especial o de forma espectacular. Sin embargo, este pasaje del Evangelio nos dice justamente lo contrario: Jesús está siempre presente en nuestra vida tanto en los buenos como en los malos momentos.

          Sus palabras y sus gestos son los habituales y familiares, pero siempre asombran a quienes le descubren presente y cercano.

 

          2.- Jesús está en Caná junto con María y los que le acompañan, compartiendo la alegría y la fiesta de unos amigos que le han invitado a su boda. Y es allí donde surge un grave problema inesperado: Se ha terminado el vino.      

          Es María quien se ha dado cuenta del problema y se lo comunica: No tienen vino. Y a pesar de que Jesús considera que no es ese el momento de actuar, Ella dice a los criados: Haced lo que Él os diga.

          Su presencia y su bondad cambian completamente la situación: El agua se convierte en un vino de gran calidad. No sólo se resuelve el problema, sino que además la vida y la fiesta sigue llena de una alegría que se comparte.

 

          3.- Nosotros hemos de aprender a descubrir a Jesús a nuestro lado en todos los momentos de nuestra vida, tanto en los buenos como en los malos. Está siempre pendiente de nosotros, tanto compartiendo nuestra alegría en los momentos dichosos, como apoyándonos y ayudándonos en los momentos difíciles, en los que nos causan gran sufrimiento.

          No nos podemos hundir por la tristeza, por el sufrimiento, por la oscuridad, porque no sabemos qué hacer, como actuar, cómo comportarnos.

          Él sabe cómo llenar nuestra vida de ese vino nuevo que nos permite seguir viviendo sin desanimarnos ni hundirnos en los momentos de especial dificultad. Es nuestra fortaleza, nuestro apoyo, nuestra esperanza, nuestra alegría y nuestra paz.

 

          3.-  Hemos de escuchar a María que nos recuerda que hemos de hacer lo que Él nos diga y dejar que sea Jesús quien cambie nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestras actitudes, nuestro modo de reaccionar y de comportarnos. Quien llene nuestra vida de su presencia.

          Hemos de escuchar a Jesús con atención, guardar sus palabras, sus enseñanzas, sus consejos en nuestro corazón para que no olvidemos lo que tenemos que hacer.

          Hemos de dejar que Jesús nos coja de la mano y nos lleve por el buen camino.

          Pidámosle en la Eucaristía que no nos olvidemos de que siempre nos compaña y que hemos de hacer siempre lo que Él nos diga.

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