CAMBIAD

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 25 de Enero de 2015
REFLEXION
         1.-Los habitantes de Nínive habían vuelto la espalda a Dios y llevaban una vida disoluta.
         Jonás, por mandato de Dios, recorrió toda la ciudad pidiendo a los ninivitas que se convirtieran, dejaran su mala vida y volvieran su mirada a Dios. Escucharon a Jonás, Dios derramó sobre ellos su amor y su misericordia, recibieron el perdón y recuperaron la paz y la alegría.
         2.- Jesús también comienza su predicación, pidiendo a todos que se conviertan porque está cerca el Reino de Dios, porque llega el momento en que se van a cumplir las promesas de Dios.
         La conversión es poner los ojos en Jesús, escucharle  y seguirle. Y nos sorprende la rapidez y prontitud de dejarlo todo e irse con El, con que respondieron los primeros discípulos.
         Urgir la conversión lo hizo Jonás y los profetas en el A.T. Lo hizo también Juan el Bautista y lo repite Jesús en el comienzo de su predicación: ¡Cambiad! Cambiad de vida! Y es necesario responder con prontitud y rapidez.
         3.- Jesús anunciaba que el Reino de Dios estaba cerca. Para quienes le escuchaban era un motivo de alegría y esperanza.  Sin embargo, después de tantos años, si miramos nuestro mundo quizá nos preguntamos ¿Dónde está el Reino de Dios? ¿Por qué el mundo  es un desastre y el Reino de Dios no se hace presente?
         Porque el Reino de Dios lo comenzó Jesús pero lo  construimos entre todos. Es tarea y responsabilidad nuestra. Si no cambiamos nosotros, si no nos convertimos, si a la llamada y la petición de Jesús  siempre le decimos: Espera un poco, ya cambiaré, ahora no puedo…. siempre tardará en cambiar el mundo y hacerse presente el Reino de Dios.
         Si empezamos cambiando nosotros  -cuanto antes cambiemos mejor-  irá cambiando nuestro entorno: nuestra familia, nuestros amigos, el ambiente de nuestro trabajo, nuestra parroquia. Y aunque sea poco a poco, se hará realidad el Reino.
         Por eso es urgente que escuchemos la llamada de Jesús y nos convirtamos, que cambiemos. No nos quedemos quejándonos y sin hacer nada. Hemos de cambiar nosotros y  hemos de trabajar para que cambien las cosas.
         4.- Pidamos al Señor que nos de la valentía de cambiar cuanto antes, y no estemos continuamente diciéndole al Señor: Espera… buscando excusas para no cambiar, porque nos hacemos daño a nosotros mismos y hacemos daño a los demás.

Scroll al inicio