ABISMOS

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 24 de Septiembre de 2016

REFLEXIÓN

         1.- En las lecturas de hoy el profeta Amós y el Evangelio vuelven a hacernos reflexionar sobre el valor que le damos al dinero y el lugar que ocupa en nuestra vida.

         **El rico de la parábola es un hombre sin nombre, encerrado en sí mismo, en su mundo; preocupado solamente de cómo disfrutar de sus bienes materiales y de cómo dar envidia a los demás.

         Sólo desea poner a la vista de todos su casa lujosa, sus espléndidos vestidos, sus grandes banquetes con comida abundante aunque las sobras se desperdicien y se tiren.

         **En la puerta de su casa hay otro hombre pero con nombre propio: Lázaro. Sin casa, sin ropa, enfermo, llagado, sin comida, con la única compañía de los perros…. Espera que alguien se fije en él y le dé algo de la comida que se tira. Pero nadie le presta atención. Es invisible.

         La desigualdad es tan grande que la vida del rico resulta insultante. Solamente la muerte los pondrá al mismo nivel porque son los dos hijos de Dios; pero entre ambos se ha abierto un abismo enorme que nadie podrá cruzar y el rico nunca podrá llegar al encuentro de Dios. Ha perdido todas las oportunidades. Ha perdido el tiempo.

         Lleno de desesperación pide un milagro para que su familia cambie de vida, pero sólo oye una respuesta: No cambiarán ni aunque resucite un muerto.

 

         2.- Esas desigualdades tan brutales siguen estando presentes en nuestra sociedad. Las casas lujosas, los espectaculares vestidos, los banquetes y las fiestas en las que mucho se desperdicia son expuestos  a la vista de todos. Sus palabras hacen pensar que son sensibles y que se preocupan ante las carencias y los sufrimientos de los demás, pero sus vidas con coinciden con sus palabras.

         *A veces también nos gusta a nosotros ser admirados y envidiados porque exhibimos lo que tenemos, cómo somos y cómo vivimos, y al igual que en la parábola, hay en nuestra puerta personas con nombre propio que son invisibles a nuestros ojos.

         *Escuchemos lo que nos dice S. Pablo como le dijo a Timoteo: “Hombre de Dios, practica la justicia, la misericordia, el amor, la ternura, la delicadeza… Guarda el mandamiento del Señor”. Y ese mandamiento es que nos amemos como El mismo nos ama.

 

         3.- Vivamos con cuidado de no crear abismos; acortemos distancias y construyamos puentes de encuentro y de amor; no perdamos el tiempo como el rico de la parábola llevando una vida vacía, porque el tiempo es un tesoro que si lo perdemos nunca lo podremos recuperar.

         Pidamos al Señor aprender a vivir con austeridad y no consentir que los más necesitados sigan siendo invisibles.

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