La parroquia de San Leandro ha vivido con profunda emoción la llegada de una hermosa imagen de la Virgen de los Desamparados, patrona de los más débiles y consuelo de los corazones heridos. Para darle la bienvenida como se merece la Madre, le hemos preparado diversas celebraciones, su presencia en nuestro templo ha sido un regalo de amor, fe y unidad para toda la comunidad.
El pasado jueves 1 de mayo, celebramos una Misa solemne de Bienvenida, presidida por nuestro arzobispo, D. Enrique Benavent. Como invitadas de honor participaron Doña M. Dolores Alfonso, camarera de la Virgen de los Desamparados, y Doña Berta Báguena, celadora del día 1 de la Corte de Honor, cuya presencia llenó de emoción a todos los asistentes. También estuvieron presentes el ecónomo del Arzobispado y su esposa, así como el escultor autor de la imagen, cuya obra ya es motivo de veneración en nuestro templo. Durante la celebración, los fieles se consagraron a la Virgen, renovando su entrega a Dios a través del corazón maternal de María. La liturgia, marcada por la devoción y la alegría, concluyó con un vino de honor en los locales parroquiales, donde compartimos el gozo de tener entre nosotros a nuestra Madre, que ha venido para quedarse.
“Allí donde entra María, entra también la alegría y la esperanza.”
El viernes 2, comenzamos la tarde con el rezo del Rosario y una Misa organizada por Cáritas parroquial, recordando que María es modelo de caridad y servicio. Su presencia entre nosotros nos impulsa a seguir su ejemplo, acogiendo al necesitado con ternura y compasión. Más tarde, a las 20:15, vivimos un momento íntimo de adoración con María, contemplando al Señor Eucaristía con los ojos de quien fue su primera adoradora.
“María nos enseña a estar a los pies de Jesús, escuchando y amando.”
El sábado 3 fue una jornada especialmente dedicada a los enfermos y a las familias. A las 18:00, se administró el sacramento de la Unción de enfermos, confiando a la Virgen el consuelo de quienes sufren en el cuerpo o en el alma. Más tarde, a las 18:30, celebramos la Misa con mayores y enfermos, y a las 19:30 nos reunimos para una Misa con familias, en la que muchas de ellas se consagraron a María, poniendo bajo su amparo su vocación de amor y entrega. Finalizamos el día con una cena compartida, símbolo de la fraternidad que nace de vivir como una auténtica familia de Dios.
“María es el hogar donde cada corazón encuentra descanso y consuelo.”
El domingo 4, los más pequeños fueron los protagonistas. A las 11:30 celebramos una Misa con los niños, acompañada de una ofrenda de flores a la Virgen, gesto sencillo pero lleno de amor puro e inocente. A lo largo del día, celebramos también las misas de 12:30, 18:30 y 19:30, esta última especialmente dedicada a los jóvenes. En ella, los jóvenes de la parroquia se acercaron a María como guía y compañera de camino en su fe.
“Quien camina con María, nunca camina solo.”
Durante la semana, los niños de los diferentes grupos parroquiales también quisieron visitar a la Virgen y orar con ella. El lunes 5 y el miércoles 7, los niños de catequesis llenaron la iglesia de alegría y oraciones. El martes 6, fueron los niños del oratorio quienes compartieron con María su fe sencilla y confiada. Y el viernes 9, los niños del grupo de aventura también se acercaron a saludar a nuestra Madre, aprendiendo que la Virgen cuida de ellos en todos sus caminos.
“Dejad que los niños se acerquen a mí”, nos dice Jesús, y María los lleva de la mano hasta Él.
Esta primera semana de mayo, con la mirada puesta en María, ha sido un tiempo de gracia para todos. Nos ha recordado que Ella, como buena Madre, siempre está dispuesta a acompañarnos, a consolarnos y a guiarnos hacia su Hijo. Su llegada a San Leandro ha unido a la parroquia en oración, en alegría y en fe compartida.
“La parroquia que reza unida, permanece unida.”
Con mucha ilusión, podemos decir que la Virgen de los Desamparados ha venido a quedarse entre nosotros. Tras esta semana llena de oración, emoción, alegría, la acogemos con cariño en un lugar privilegiado de nuestro templo, junto al altar, donde cada día podremos dirigirle la mirada… y dejarnos mirar por Ella, con esa ternura que sólo una madre sabe dar.
Gracias, Madre, por quedarte con nosotros. Bajo tu manto ponemos nuestra parroquia, nuestras familias y nuestras vidas.







































