DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 30 de Octubre de 2016
REFLEXIÓN
1.- El Evangelio define a Zaqueo como un hombre bajito, rico y jefe de publicanos.
Los publicanos eran judíos que colaboraban con los romanos cobrando los impuestos, a los que podían añadir lo que quisieran para quedárselo ellos; por eso eran considerados traidores y ladrones, y eran odiados por todos.
Para subrayar hasta dónde Zaqueo era despreciado, el Evangelio añade que era bajito de estatura y jefe de publicanos.
Deseaba ver a Jesús, corrió para encontrar un sitio donde pudiera verle y al final se subió a una higuera. Cuando pasa por allí, Jesús se para, le mira a los ojos y le dice: Baja enseguida porque que hoy tengo que alojarme en tu casa.
También nosotros deseamos ver a Jesús, pero al igual que Zaqueo somos bajitos de estatura espiritual porque nos dejamos llevar por nuestra pereza, nuestra comodidad, nuestra facilidad de hacer lo que nos apetece… y nos conformamos con lo que hacemos como cristianos ya que pensamos que hacemos bastante. Pero
*¿Tenemos la misma inquietud que Zaqueo y los mismos deseos de ver a Jesús?
*¿Ponemos de nuestra parte el esfuerzo necesario para vencer y superar los obstáculos y las dificultades con que nos encontramos?
*¿Reflexionamos y nos damos cuenta de por qué somos enanos espirituales? De cuáles son los obstáculos con que nos encontramos para acercarnos a Jesús?
2.- Jesús no sólo llama a Zaqueo, sino que además quiere alojarse en su casa, quiere entrar hasta lo más íntimo de su vida. Zaqueo, ilusionado y contento, le abre de par en par las puertas de su casa compartiendo esa alegría con sus amigos.
El encuentro con Jesús cambia completamente la vida de Zaqueo. Hace de él un hombre nuevo, capaz de reconocer sus pecados, pedir perdón, corregir su comportamiento y devolver multiplicado por cuatro lo que ha robado.
Jesús recibe críticas, pero esas críticas no frenan el amor misericordioso de Jesús que ha venido a salvar lo que estaba perdido.
Jesús también nos llama a nosotros por nuestro nombre y como a Zaqueo nos dice: Quiero alojarme en tu casa.
*¿Escuchamos la llamada de Jesús?
*¿Tenemos en cuenta lo que Él quiere de nosotros?
*¿Le abrimos de par en par las puertas de nuestro corazón, le dejamos que entre en nuestra casa, que transforme nuestra vida y haga de nosotros hombres nuevos?
Pidamos hoy al Señor que nos ayude a buscarlo de todo el corazón y que no tengamos miedo de que cambie completamente nuestra vida.

