DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 4 de Febrero de 2018
REFLEXIÓN
1.- S. Pablo estaba apasionadamente enamorado de Jesús y no podía resistir el impulso de hablar de El. No lo hacía por soberbia, ni por presumir, ni por llamar la atención, ni por recibir una paga. Lo hacía porque no podía resistir la necesidad de que fueran muchos lo que conocieran a Jesús, le amaran y le siguieran.
No buscaba ningún protagonismo; lo hacía con la humildad de quedar en segundo plano y de que fuera Jesús el centro de todo.
Estaba dispuesto a todo y se hizo débil con los débiles, todo para todos, para poder ganar, sea como sea, a algunos. Lo hacía de balde y era su paga: La alegría de que cada día fueran más los que siguieran a Jesús.
2.- Jesús pasó toda su vida haciendo el bien. Cada gesto, cada palabra, cada obra suya, era un signo visible del Amor del Padre que quiere salvar a todos los hombres.
Le dio la mano a la suegra de Pedro y la levantó. Poner en pie al enfermo, al paralítico, al cargado con el peso de sus pecados, de sus problemas, de cualquier humillación… son gestos con los que Jesús quiere que todos vean y entiendan que la salvación que El viene a traer es devolver a todos la dignidad de hijos de Dios.
Al atardecer, una multitud se agolpaba en la puerta de la casa. Jesús siguió haciendo el bien, sin cansarse, curando toda dolencia y toda enfermedad.
En el silencio y la soledad de la noche salió a rezar. La oración, el encuentro amoroso con el Padre, era su fuente de energía para seguir cumpliendo su misión. Por eso, cuando los discípulos van a buscarlo diciéndole que todo el mundo le busca, rechaza todo protagonismo y decide seguir predicando, seguir haciendo el bien, haciendo presente el Amor del Padre en otros pueblos, en otras aldeas, a todos los hombres porque esa es su misión.
3.- ¡Qué distintos somos nosotros! Repetimos constantemente que también nuestra misión es Evangelizar, hacer presente el Amor del Padre, y sin embargo, cuantas veces hablamos de nosotros mismos en vez de hablar de Jesús!; ¡cuántas veces queremos ser nosotros los protagonistas y deseamos que toda la gente nos busque en vez de que busquen a Jesús!; ¡cuántas veces nos da vergüenza decir que somos cristianos o comportarnos como cristianos y nos dejamos arrastrar por los demás!
No sentimos el impulso ni la urgencia de hablar de Jesús porque no estamos apasionadamente enamorados de Él.
Debemos aprender de Pablo y de Jesús. Necesitamos la Oración, estar tiempo con el Señor sin prisas, llenarnos de Dios y de su Amor para poder hablar de Él y hacerlo presente haciendo todo el bien que podamos a los demás.
Tendríamos que ser como Pablo y poder decir: ¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio; si no hago todo el bien que puedo; si no aprovecho cualquier ocasión para hablar de Jesús!.
REFLEXIONEMOS SOBRE TODO ESTO
**no sólo ahora en un momento, sino durante toda la semana
**y pidamos cada uno al Señor nos conceda lo que más necesitamos.

