AUSTERIDAD

II DOMINGO DE ADVIENTO CICLO B
Domingo 7 de Diciembre de 2014
REFLEXIÓN
1.- En la antigüedad era costumbre que, cuando tenía que viajar un señor importante, enviara por delante a sus criados para que le prepararan una calzada, un camino, por donde pasar, quitando todos los obstáculos.
Por eso, quienes escuchaban a Juan, entendían muy bien lo que quería decir. Confesaban sus pecados, Juan los bautizaba y así eliminaban todos los obstáculos que impedían la presencia del Señor en su corazón.
2.- En este 2º Domingo de Adviento resuena en nosotros la misma palabra de Juan como una advertencia urgente.
El Señor va a venir, el Señor está cerca, preparadle un camino, quitad todos los obstáculos, allanad la calzada. Y siguiendo los consejos de Juan, confesar nuestros pecados pedir perdón y quitar del corazón todo lo que dificulta la presencia de Dios en nosotros.
3.- Probablemente hoy el mayor obstáculo en nuestra vida es la falta de austeridad.
El Evangelio nos describe la forma de vivir de Juan: Vestía una piel de camello ajustada con una correa de cuero, y comía saltamontes y miel silvestre.
¿Cómo vivimos nosotros? ¿Cómo vestimos y comemos?
Dedicamos demasiado tiempo y demasiado dinero en todos los aspectos de nuestra forma de vivir.
Somos demasiado caprichosos, buscamos demasiado las comodidades,  tenemos especial cuidado en vestir ropa de moda y de marca. Y en lo que comemos somos, a veces, demasiado exigentes.
Nos falta un poco o un mucho de austeridad.
Acostumbrarnos a vivir con lo necesario, pero con dignidad, nos ayudaría a estar en mejores condiciones de compartir, de ayudar a tantos que necesitan lo mínimo para su subsistencia.
Pensémoslo. ¿No gastamos demasiado, especialmente en estas fechas?
Os propongo que vivamos un Adviento y una Navidad con más austeridad  y que tengamos más presentes a los más necesitados. Así podríamos también recuperar un poco el sentido cristiano de esta fiesta para nosotros tan importante.
Que el Señor nos ayude a valorar lo que tenemos, a no olvidar a los que tienen menos y a ser un poco más generosos. Pero sobre todo a prepararle el camino para que nazca de nuevo en nuestro corazón.

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