DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 1 de Octubre de 2017
REFLEXIÓN
1.- Si tuviéramos que resumir el mensaje del Evangelio de hoy en una frase podríamos decir: Las apariencias engañan. Y eso se ve reflejado en el comportamiento de los dos hermanos de la parábola y que nos podemos aplicar a nosotros mismos.
** Aparentamos ser buenos, dóciles, serviciales… pero no es así ni nuestro corazón ni nuestro comportamiento.
Por mucho que nos lo digan, que nos corrijan, que nos hagan reflexionar, no cambiamos. Seguimos comportándonos de la misma manera empujados por nuestro egoísmo, nuestro orgullo, nuestras ambiciones, nuestra pereza…
**Aparentamos también en muchas ocasiones ser rebeldes, desobedientes, gruñones, protestamos de todo, nos quejamos continuamente… pero nuestro corazón es bondadoso y hacemos lo que nos piden y lo que debemos hacer aunque nos cueste.
2.- La vida y la predicación de Jesús fue entonces y sigue siendo hoy una llamada a cambiar, a ser mejores, a comportarnos con coherencia, a vivir en la verdad, a ser bondadosos, limpios de corazón y misericordiosos… pero no escuchamos con atención ni hacemos el esfuerzo de cambiar.
Eso les pasaba especialmente a los fariseos, a la casta sacerdotal, en general a todas las autoridades judías: no hicieron caso a Juan Bautista, ni a las enseñanzas de Jesús; no se arrepintieron, ni cambiaron, por eso Jesús fue especialmente duro con ellos diciéndoles que los publicanos y la prostitutas (que ellos consideraban muy pecadores y alejados de Dios) escuchaban con atención y con interés, se arrepentían de sus malos comportamientos, cambiaban de vida porque se sentían amados y perdonados, y les adelantarían en el Reino de los cielos.
3.- Sería muy triste que Jesús nos dijera a nosotros lo mismo. Sus enseñanzas no son antiguas ni su comportamiento propio de tiempos pasados. Su Palabra, que proclamamos cada domingo, es una Palabra viva, dirigida a cada uno de nosotros para que la escuchemos con atención, nos llegue al corazón y pongamos esfuerzo en ponerla en práctica.
A veces pensamos: ¡Qué bien le vendría escuchar esto a mi vecino, a mi suegra…! Cuando en verdad deberíamos decir: Cómo cambaría mi vida si hiciera caso al Señor y me esforzara por cambiar.
REFLEXIONEMOS un momento:
**¿Cuántas veces mi vida cristiana va por un camino y mi vida diaria por otro?
**¿Qué cosas importantes debería cambiar para poner en práctica las enseñanzas de Jesús?

