AMOR SIN LIMITES

JUEVES SANTO CICLO C
Jueves 24 de Marzo de 2016
REFLEXIÓN
         Cada Jueves Santo recordamos y revivimos la Ultima Cena de Pascua que celebró Jesús con sus discípulos.
         1.- En esa celebración Jesús abre su corazón a sus discípulos y comparte con ellos sus sentimientos más íntimos. Les repite una y otra vez que los ama, que son sus amigos, que nunca los dejará solos, que siempre estará a su lado. Y también manifiesta su tristeza porque uno de ellos, de sus amigos, le traicionará, le venderá, participará en un juego muy sucio para hacerle daño.
         Revivir ese momento es un motivo de enorme alegría porque eso mismo nos lo dice a nosotros constantemente y especialmente hoy. Jesús quiere llenar nuestro corazón de su amor si tenemos las puertas abiertas y le dejamos entrar en nuestra vida para quedarse siempre con nosotros.
         2.- También en esa Cena de Pascua Jesús instituye el Sacramento de la Eucaristía. Parte el pan y lo reparte diciéndoles: “Esto es Mi Cuerpo”; tomad, comed, comedme.
         Cada vez que celebramos la Eucaristía recordamos y revivimos aquella Última Cena, repetimos el mismo gesto y las mismas palabras de Jesús; y nosotros, como momento cumbre de la Celebración,  comemos el Pan de Jesús, comemos su cuerpo… Y Jesús se hace una misma cosa con nosotros, se hace carne y sangre nuestra, nos convierte en Jesús para siempre, allí donde nosotros estemos.
         Nos llevamos a  Jesús en nosotros. Somos Jesús en la calle, en casa, en el trabajo… Hemos de vivir como Él vivió, comportarnos como Él se comportó. No puede ser de otra manera porque de lo contrario viviríamos en una contradicción constante con nosotros mismos.
         3.- Comer el Pan de Jesús que es Él mismo, nos compromete seriamente. Pero sobre todo nos compromete a amar y a servir como Él lo hizo.
         Él se arrodilló a los pies de sus discípulos y se los lavó como hacían los esclavos con sus señores. Jesús a partir de ese momento hizo “señores” a todos sus discípulos y se hizo servidor y esclavo de todos.
         Nosotros hemos de arrodillarnos a los pies de los que más sufren, de los más ignorados y excluidos para servirles y amarles como lo hizo Jesús, porque somos Jesús, y hacerles sentir que son amados con una  infinita misericordia, una infinita ternura. Hacerles sentir que les arropa y les envuelve el Amor de Dios. Que para Dios cada uno es único.
         4.- No podemos participar y vivir esta celebración sin sentir una enorme gratitud por el infinito  amor de Jesús a nosotros que nos trata y nos sirve siempre como “señores” y nos hace tan grandes como para hacernos Él mismo cada vez que comemos su pan.
         Y tampoco podemos dejar de renovar nuestro compromiso de vivir como Él vivió, de amar como Él nos ama y de servir como sigue sirviéndonos a cada uno.

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