DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO B
Domingo 15 de Marzo de 2015
REFLEXION
1.- “Tanto amó Dios al mundo que envió a su propio Hijo… no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por El”
Entregar a su propio Hijo es la prueba máxima del Amor de Dios por los hombres; porque estando muertos por el pecado, distanciados y alejados de El, nos ha hecho revivir por la Resurrección de Jesús.
¿Estaríamos dispuestos a entregar a un hijo nuestro para salvar a los demás, con la misma generosidad con que lo ha hecho Dios? Esta reflexión nos ayudará a entender la grandeza y la inmensidad del Amor que Dios nos tiene.
Por eso la salvación de Dios es un regalo, es un don gratuito que no se debe a nuestros esfuerzos ni a nuestras obra. Es un gesto del Amor sin límites de Dios a cada uno de nosotros.
Por ese motivo el Señor espera que nuestras obras sean buenas para que se ponga de manifiesto que es El quien realiza en nosotros la transformación de nuestro corazón y la bondad de nuestras obras.
El Señor sólo nos pide que nos dejemos querer por El. Que acojamos su gracia y sus dones y procuremos que den fruto en nuestra vida, obrando siempre con humildad, porque si somos buenos no es sólo por nuestro esfuerzo sino sobre todo por la gracia de Dios que actúa en nosotros. El Señor quiere que todos vean que es El quien realiza y lleva a cabo la salvación.
2.- Lo que está realmente mal en nuestra vida es apartarnos de Dios, vivir en la oscuridad y no permitir que la Luz de Dios nos ilumine, nos conduzca por el camino recto y que su salvación se haga vida en nosotros.
Estamos terminando la Cuaresma, y, aunque esta semana sean fiestas, no debemos interrumpir el camino de renovación, transformación y purificación que vamos recorriendo.
No podemos ni debemos apartarnos del Señor, de forma que El siga revitalizando nuestra vida y ayudándonos a ser buenos, porque Dios nos ha creado para que nos dediquemos a las buenas obras, hagamos el bien a cuantos nos rodean y hagamos resplandecer su Luz, su alegría y su Amor que son el fruto de la Resurrección.
3.- No podemos acomodarnos, instalarnos, permaneciendo en la penumbra de nuestra mediocridad.
Caminemos hacia la fiesta de la Pascua compartiendo la alegría de que Jesús resucitado está vivo, llena nuestro corazón y nos acompaña en nuestro caminar diario.

