DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 29 de Octubre de 2017
REFLEXIÓN
1.- En el Monte Sinaí Dios propuso al Pueblo una Alianza: El sería siempre su Dios y ellos serían siempre su Pueblo, y para ello deberían cumplir Diez Mandamientos. Los mismos que nosotros tenemos ahora.
Pensando en un mejor cumplimiento de esos Mandamientos, los maestros de la Ley los concretaron en 613 preceptos que todos debían conocer y cumplir al pie de la letra. Aprender esos mandamientos y ponerlos en práctica se convirtió en una tarea imposible y en una pesada carga, por eso preguntaron a Jesús cuál de todos era el más importante.
La respuesta de Jesús la conocemos de sobra y es la que acabamos de escuchar en el Evangelio: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”.
2.- Amar a Dios sobre todas las cosas es, como escuchamos en el Evangelio de la semana pasada, poner a Dios en el centro de nuestra vida, no amar a otros dioses, no consentir que nada ni nadie ocupe su lugar, que todos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras palabras y nuestras obras, nazcan de El y estén orientadas hacia El. Que sepamos dedicar a Dios la atención y el tiempo que se merece.
3.- Amarnos a nosotros mismos no es ser egoístas, sino reconocer que todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido de Dios y por lo tanto amar nuestra vida, cuidarla y defenderla; amar nuestras cualidades para cultivarlas, desarrollarlas, hacer que den fruto abundante; amar y cuidar todas nuestra capacidades.
Y también amar nuestras limitaciones, nuestros defectos, nuestras debilidades, porque amándolas tendremos interés en apartarlas de nuestras vida, en mejorar nuestras debilidades, corregir nuestros defectos, enderezar lo que en nosotros hay de torcido y rectificarlo.
4.- Sólo amándonos a nosotros mismos podremos amar a los demás de todo corazón.
Amaremos y valoraremos las cualidades y las cosas buenas hay en los demás.
Seremos comprensivos con sus defectos, sus debilidades, sus equivocaciones, y estaremos dispuestos al perdón y la misericordia igual que deseamos y necesitamos que lo sean con nosotros y amaremos a cada uno tal como es.
Sólo así nos dolerán sus sufrimientos y nos preocuparemos por aliviarles, nos alegraremos de sus éxitos, de cómo van mejorando y progresando y de cómo van saliéndoles las cosas bien.
5.- Necesitamos volver a lo esencial de los mandamientos de la Ley de Dios porque también la Iglesia ha caído en el mismo error del Pueblo de Israel: Desarrollar tantos pequeños mandamientos y normas que a veces nos agobian, nos crean mala conciencia si no las cumplimos y con frecuencia las consideramos más importantes que el Mandamiento del Amor.
EN UN MOMENTO DE SILENCIO pidamos al Señor que nos ayude a intentar con todas nuestras fuerzas a cumplir el MANDAMIENTO EL AMOR

