ALEGRÍA DEL PERDON

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Domingo 11 de Septiembre de 2016

REFLEXIÓN

         1.- La primera lectura nos recuerda que el Pueblo de Israel era un pueblo orgulloso y desagradecido. Olvidaba con mucha frecuencia todas las obras que el Señor había realizado con ellos al librarlos de la esclavitud de Egipto, guiarlos por el desierto, defenderlos de los enemigos… Constantemente volvía la espalda a Dios; sin embargo Dios tuvo una paciencia infinita con ellos y siempre les perdonaba cuando volvían a Él.

         Eso mismo es lo que hacemos nosotros. Nos acercamos a Dios cuando nos conviene y nos olvidamos muy pronto de todo lo que ha hecho por nosotros, de todos los bienes que nos ha regalado, de toda su ayuda…y le volvemos la espalda continuamente con un comportamiento desagradecido.

         A pesar de todo, el Señor, como un pastor bueno que quiere que estemos a su lado, tiene una paciencia infinita con nosotros, y siempre que nos apartamos de Él sale en nuestra búsqueda y cuando nos encuentra –o nos dejamos encontrar- nos carga sobre sus hombros con ternura, hace una fiesta  y quiere que todos los que siguen a su lado compartan la alegría de habernos encontrado.

 

         2.- Todo esto me hace pensar en el Sacramento de la confesión, que a mí me gusta más llamarlo de perdón.

         En nuestra vida ordinaria la convivencia no siempre es fácil. Surgen roces, enfados, disgustos, decepciones… porque somos egoístas y orgullosos, y cuando esto nos ocurre con personas a las que queremos, nos duele especialmente. Sin embargo, cuando somos capaces de perdonarnos, el disgusto siempre se convierte en alegría.

         Esto mismo debería ocurrirnos en el Sacramento del Perdón. Con nuestras actitudes y comportamientos nos apartamos de Dios, pero cuando nos acercamos a  Él con humildad a pedir perdón reconociendo lo que hemos hecho mal, siempre nos encontramos con un Padre Bueno que nos quiere, nos perdona, nos abraza con ternura y nos llena de paz.

         Por eso debería ser para nosotros un sacramento d alegría y de fiesta, pero no sabemos vivirlo así.

         El Señor tiene una paciencia infinita con nosotros. Siempre nos está esperando para abrazarnos y llenarnos de alegría. ¿Por qué no vivimos este sacramento como un regalo del Señor que sólo quiere llenarnos de su amor?

 

         Pidamos al Señor todos los días que nos ilumine para que descubramos el Sacramento del Perdón como un regalo Suyo, como un sacramento de alegría y de fiesta, y hagamos el esfuerzo de acercarnos a él con más frecuencia.

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