Publicado: 23 Diciembre 2014
DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO B
Domingo 21 de Diciembre de 2014
REFLEXIÓN
1.- Si estos domingos anteriores Juan el Bautista era el centro de nuestra atención, este domingo el Evangelio nos ofrece la figura de María.
Ángel la llama llena de gracia, llena de Dios. Ella es la mujer que acoge a Dios en su corazón
+Lo acoge con miedo y preocupación porque no sabe cómo se va a realizar todo el gran misterio que le anuncia el Ángel.
+Lo acoge con confianza, fiándose del Señor dejando que Dios haga realidad sus planes, aunque no entiende nada, y con corazón limpio poniendo toda su vida en las manos el Señor.
+Llena de alegría porque Dios se ha fijado en Ella y llena plenamente toda su vida.
María es también la portadora de Dios
+A través de Ella el Amor de Dios se hace presente en el mundo.
+Un Amor que consuela a los que sufren, cura a los enfermos, atiende a cuantos acuden a Él. Un Dios que quiere compartir su vida y su sufrimiento con todos los hombres, especialmente con los más necesitados de amor y de esperanza.
2.- Nosotros hemos de aprender de María a acoger a Dios
+Con un corazón limpio, teniendo nuestro corazón lleno de gracia y lleno de Dios.
+Confiando en el Señor que nos coge de la mano, guía nuestra vida y va realizando en nosotros sus planes aunque a veces no los entendamos, y tengamos dudas y miedos como María, pero con la seguridad de que siempre son lo mejor para nosotros y para los demás.
Y como María también hemos de ser portadores de Dios en el mundo con nuestra vida y nuestras obras.
+Acogiendo con bondad de corazón a todos los que acuden a nosotros.
+Preocupándonos de los que sufren, los enfermos, los encarcelados, los esclavos de la droga, del alcohol, del juego… y no viven con libertad.
+De todos los excluidos por su forma de ser y de vivir porque no tienen ni encuentran trabajo, no pueden cubrir sus necesidades básicas, no tienen una vivienda digna, tienen una familia desestructurada.
+ Manifestando el Amor del Señor en nuestra familia atendiendo con especial ternura a los más débiles como son los niños y los ancianos.
+Procurando que nuestra casa sea también un lugar en el que siempre pueda estar presente el Señor. Que sea también casa de Dios.
En esta última semana de Adviento, fijémonos en María para hacer lo que Ella hizo y vivir con alegría como Ella vivió

